miércoles, 29 de marzo de 2017

LA HISTORIA DEL ASNO QUE MONTO JESÚS

Aunque la mayoría de cristianos preferiría no preocuparse por algunos de los detalles más mínimos de la vida de Jesús que se registran en el Nuevo Testamento, cuando se nos reta a defender la inherencia del Libro que registra la historia hermosa de Jesús, hay momentos en que esos detalles requieren nuestra atención. Este es el caso con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén durante la última semana de Su vida. Los que llevan el nombre de Cristo disfrutan leyendo acerca de los gritos de la gente antigua, “¡Hosanna!”, y meditando en el hecho que Jesús fue a Jerusalén para dar salvación al mundo. Por otra parte, los escépticos leen este evento y gritan, “¡Contradicción!”. Supuestamente, Mateo entendió mal la profecía de Zacarías, y por ende contradijo lo que Marcos, Lucas y Juan escribieron concerniente a la entrada final de Jesús a Jerusalén, Mateo registró lo siguiente:

“Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida». Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: "Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga". Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron la asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: « ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mateo 21, 1-9).

Los escépticos señalan rápidamente que los otros escritores del evangelio mencionan solamente que los discípulos adquirieron “un asno” sobre el cual Jesús se sentó. Marcos registró que Jesús dijo a los discípulos que ellos encontrarían “Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo” (11-2). Los discípulos entonces “…fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les preguntaron: « ¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?». Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó” (Marcos 11-4,7). Notemos que Marcos, Lucas y Juan no dijeron que se consiguió solamente un asno para Jesús, o que solamente un asno viajó a Jerusalén con Jesús. Los escritores simplemente mencionan un asno. Ellos nunca niegan que otro asno (la madre del asno) estuviera presente. El hecho que Marcos, Lucas y Juan mencionaran un asno joven no significa que no hubiera dos. Si dos amigos suyos, José y Bernabé, vinieran a su casa el jueves en la noche, pero el próximo día usted mencionara a un amigo de trabajo que José estuvo en su casa el jueves en la noche (y excluyera a Bernabé de la conversación por alguna razón), ¿sería esa una mentira? Desde luego que no. Usted simplemente declaró el hecho que José estuvo en su casa. Similarmente, mientras que Marcos, Lucas y Juan declararon que un asno estaba presente, Mateo simplemente suplementó lo que los otros escritores registraron.

Aunque Mateo mencionó que Jesús y Sus discípulos fueron a Betfagé, Marcos y Lucas anotaron Betfagé y Betania. Marcos y Lucas indicaron que la cría de la asna que adquirieron para Jesús nunca había sido montado. Mateo omitió esta información. Mateo fue el único escritor del evangelio que incluyó la profecía de Zacarías. Marcos y Lucas incluyeron la pregunta que los dueños de la asna hicieron a los discípulos cuando fueron a conseguir el asno joven para Jesús. Mateo excluyó esta información en su relato. Como puede notar, en esta historia (y en el resto de los relatos del evangelio), los escritores suplementaron consistentemente los relatos de los demás. Este suplemento es evidencia de escritores diferentes—algunos de los cuales fueron testigos oculares. Es muy posible que Mateo fuera específico en su numeración de los asnos, debido a la probabilidad que él fuera uno de los testigos oculares de la entrada final de Jesús a Jerusalén. (Tenga en cuenta que Mateo fue uno de los doce apóstoles; Marcos y Lucas no lo fueron).

Segundo, en cuanto a la acusación que Mateo escribió dos asnos, en vez de uno porque supuestamente entendió mal la profecía de Zacarías, se debe notar primero que la profecía de Zacarías realmente menciona dos asnos (incluso cuando se declara que solamente uno transporta al Rey de Jerusalén). El profeta escribió: “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna”. (Zacarías 9-9). En este versículo, Zacarías usó paralelismo poético hebreo (un balance de pensamiento entre dos partes consecutivas en la poesía). Los términos asna, e cría designan al mismo animal.

Zacarías mencionó que este asno era el hijo de una asna. Se puede suponer que el profeta estaba simplemente declarando algo obvio cuando mencionó la existencia de la madre, sin embargo, cuando se considera el evangelio de Mateo, aparece la asna que Zacarías 9-9 apenas menciona. La cría y la asna fueron traídas a Cristo en el Monte de los Olivos, y ambos hicieron el viaje a Jerusalén. Ya que el asno joven nunca había sido cabalgado, o ya que nadie se había sentado en él (como Marcos y Lucas declararon), se entiende la dependencia en su madre (como Mateo implica). El punto principal del problema que el escéptico propone en cuanto a la entrada de Jesús a Jerusalén es cómo pudiera haber cabalgado en los dos asnos al mismo tiempo. Ya que Mateo 21-7 declara, “…trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó”, algunos han concluido que Mateo quiso que sus lectores entendieran que Jesús cabalgó como alguna clase de acróbata—entrando a Jerusalén más como un payaso que como un rey. Este razonamiento es absurdo. Mateo pudo haber querido decir que Jesús cabalgó en el asno joven mientras que la asna, su madre, caminaba al lado. Otra solución posible para este “problema” es que Jesús sí cabalgó en ambos asnos, pero que lo hizo en tiempos diferentes. Aunque algunos piensen que esta solución no es probable, no hay nada en la profecía de Zacarías o los relatos del evangelio que la prohíba. Tal vez una respuesta probable a la pregunta, “¿Cómo pudo Jesús sentarse encima (de los asnos) durante su marcha a Jerusalén?”, es que esto no hace referencia a los asnos en absoluto sino a los mantos.

Cuando Mateo escribió que Jesús “se sentó encima”, él pudo haber querido que sus lectores simplemente entendieran que esto se refería a los mantos, y no a los asnos. Si se colocaron los mantos de los discípulos sobre ambos asnos (como Mateo indicó), y luego Jesús cabalgó en el asno más joven, se pudiera concluir lógicamente que Jesús se sentó en los mantos (que se colocaron sobre la cría de la asna). Finalmente, para no dejar ninguna acusación sin responder concerniente a los pasajes que se discuten en este artículo, se debe enfatizar un punto más. Aunque se ha acusado a Jesús y a sus discípulos de “haber robado a la asna y su joven cría” en el desfile a Jerusalén, el texto nunca indica algún hurto. Jesús pudo haber hecho un arreglo en cuanto al uso de los animales. Sin embargo, ya que los dueños de los asnos no conocían quiénes eran los discípulos, había la necesidad de decir a estos lo que Jesús les dijo. Después que los discípulos declararon, “El Señor lo necesita”, los dueños dejaron que se los llevaran (Lucas 19:32-35). Esto fue voluntario. Jesús realmente no apoyó el hurto en esta ocasión, o en ninguna otra (Mateo 19-18; 1 Pedro 2-22; cf. Éxodo 20-15;). La Biblia no tiene la obligación de presentar cada detalle de cada evento, como nos cuenta Juan 21-25: “…pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían”

LA IGLESIA ARGENTINA DURANTE LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR-segunda parte

Uno de los objetivos centrales de quienes planearon el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 fue disciplinar a la sociedad argentina por la instauración sistemática del terror. La identificación de determinadas posturas ante la línea adoptada por el Concilio y luego por Medellín en el seno de la asamblea de obispos no deja de plantear dificultades metodológicas, ya que la misma se compone de individuos susceptibles de modificar sus posiciones a lo largo del tiempo, o de diferenciarse entre sí en torno de ciertos temas y no en torno de otros. Haciendo esta aclaración es posible distinguir tres líneas dentro del episcopado católico que se fueron perfilando a lo largo de los años que separan el Concilio Vaticano II del golpe de estado de 1976: tradicionalistas, conservadores y renovadores (y entre estos últimos –con la misma advertencia con relación a los matices en las posiciones– entre renovadores moderados y progresistas).

El sector que llamaremos tradicionalista estaba compuesto por un conjunto de obispos anclados en las coordenadas ideológicas del tomismo, que concebían a la Iglesia como una “sociedad perfecta” por oposición a los “errores” propios de una modernidad con la que se mostraban intransigentes. Inspirada más por una idea de “conquista” que por una de “diálogo” con el mundo moderno, esta fracción episcopal permanecía aferrada a concepciones que habían madurado en el contexto de las primeras décadas del siglo XX. Estas últimas no sólo se adecuaban mal a los profundos cambios operados en la sociedad y en la cultura a lo largo de las décadas transcurridas desde entonces, sino que además, como se ha visto, habían quedado “por detrás” de las orientaciones generales promovidas por la Iglesia universal.

Al pensar a la Iglesia como una “sociedad perfecta” que no debía contaminarse con los “errores” del mundo moderno, los sectores tradicionalistas quedaron atrapados en un fuerte clericalismo, que se tradujo en un creciente aislamiento con respecto a una sociedad que se había vuelto mucho más compleja y plural desde, por lo menos, los años cuarenta. El Concilio Vaticano II, “minó en el plano teológico la matriz tomista que regía la arquitectura institucional y cultural de la Iglesia argentina”, lo que dejó mal parados a los sectores preconciliares, que en más de una ocasión emitieron juicios sumamente críticos sobre algunos documentos del magisterio católico. La pérdida de posiciones dentro de la Iglesia, así como el aislamiento con respecto a la sociedad moderna, llevó a los católicos tradicionalistas a reforzar sus vínculos con las Fuerzas Armadas, consideradas custodios naturales de los “valores inmutables” de la catolicidad.

A comienzos de los años setenta, los dos principales jefes del Vicariato Castrense para las Fuerzas Armadas –creado en 1957–, MONSEÑOR TORTOLO Y MONSEÑOR BONAMÍN, eran dos de los referentes más importantes del integrismo católico. En torno de estas dos figuras se fue conformando una fracción episcopal que, deseosa de estrechar sus vínculos con las Fuerzas Armadas y de esa manera conquistar posiciones dentro de la Iglesia católica, adoptó un discurso cargado de tonos apocalípticos, animado, por momentos, de un verdadero espíritu de cruzada. Las dimensiones que había alcanzado la protesta social, la difusión de un conjunto de ideologías tributarias del marxismo y el crecimiento de la “Iglesia del Pueblo”, contra la que llevaron adelante una implacable campaña de denuncias y acusaciones, constituyeron las principales preocupaciones de este sector de la jerarquía católica.

En vísperas del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, el sector más tradicionalista de la cúpula eclesiástica contaba con un pequeño pero compacto grupo de obispos que habrían de manifestar públicamente su adhesión al gobierno militar. Algunos de ellos, además, eran arzobispos, como MONSEÑOR PLAZA, o MONSEÑOR BOLATTI, y estaban al frente de diócesis muy importantes como La Plata y Rosario, respectivamente. La influencia de este sector se hacía sentir también en el ámbito de las ideas, por el control doctrinario que ejercía MONSEÑOR DERISI sobre las universidades católicas de todo el país y la orientación fuertemente tradicionalista que algunos obispos, como TORTOLO en Paraná o SANSIERRA en San Juan, le habían impreso a los seminarios diocesanos. También el obispo de San Luis, MONSEÑOR LAISE, el de Lomas de Zamora, MONSEÑOR COLLINO, el de San Rafael, MONSEÑOR KRUK y el de Jujuy, MONSEÑOR MEDINA –quien no casualmente sucedería a TORTOLO al frente del Vicariato Castrense hacia comienzos de la década de 1980–, sostendrían posiciones marcadamente tradicionalistas.

Con el paso de los años se pondría en evidencia que el viejo proyecto integrista que pretendía “restaurar todo en Cristo” estaba destinado al fracaso; sin embargo, a mediados de la década de 1970, podía ser todavía muy útil como barrera frente a los avances más que evidentes de la radicalización política y de la protesta social. A diferencia de lo que ocurría con los tradicionalistas, para los sectores conservadores no se trataba ya de impedir que entrara en la Iglesia el “espíritu conciliar”, sino de manejar los tiempos y los alcances de las reformas con el objeto de amortiguar el impacto de las mismas sobre la Iglesia. Tal vez la frase pronunciada en tiempos del Concilio Vaticano II por el CARDENAL CAGGIANO: “REFORMAS EN LA IGLESIA SÍ; REFORMA DE LA IGLESIA, NO”, sea útil para sintetizar la posición de este conjunto de obispos conservadores que, a diferencia de los tradicionalistas y de los renovadores, presentaba una mayor vaguedad desde el punto de vista ideológico.

Entre quienes coincidían en la necesidad de implementar algunos cambios en forma paulatina y siempre bajo una estricta supervisión jerárquica, es posible encontrar a obispos provenientes de una tradición FUERTEMENTE CONSERVADORA Y TRIBUTARIA DEL IDEARIO NACIONAL CATÓLICO, como MONSEÑOR ARAMBURU, quien en 1975 sucedió a CAGGIANO al frente del arzobispado de Buenos Aires. Otros, habiendo participado activamente del proceso de renovación conciliar, optaron por refugiarse en posiciones más conservadoras, alarmados por la radicalización que ese mismo proceso había favorecido en el interior de las filas católicas. Tal es el caso de MONSEÑOR QUARRACINO, obispo de Avellaneda desde 1968, o de MONSEÑOR ITALO DI STÉFANO, obispo de Presidente Roque Sáenz Peña (Chaco).

Desde luego, tanto tradicionalistas como conservadores compartían las preocupaciones por el crecimiento de la protesta social y por lo que consideraban un peligroso avance de las ideologías de izquierda. Los últimos se solían expresar con mucha frecuencia en tonos similares a los de los primeros. La denuncia del marxismo, sobre todo, ocupó un lugar central en las homilías, mensajes radiales y cartas pastorales de los diferentes obispos. Sin embargo, los conservadores consideraban que, en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, la Iglesia debía redefinir sus relaciones con los diferentes actores con el objetivo de ampliar el marco de sus posibles alianzas y extender su influencia ideológica y social. Es allí donde, entre tradicionalistas como MONSEÑOR TORTOLO y conservadores como el CARDENAL PRIMATESTA (uno de los exponentes más destacados de esta corriente), entre un modelo clerical y autosuficiente de Iglesia y otro, más “político”, que privilegiaba la articulación y el diálogo con otros sectores de la sociedad, se abría una distancia insalvable.

Los conservadores fueron la corriente mayoritaria de la jerarquía eclesiástica a lo largo de todos estos años. Su preocupación central consistió en garantizar la cohesión de la Iglesia y la del propio cuerpo episcopal a partir, fundamentalmente, de un FÉRREO DISCIPLINAMIENTO DE LAS CORRIENTES –TANTO CLERICALES COMO LAICALES–, MÁS RADICALIZADAS DEL CAMPO CATÓLICO. Ese proceso de disciplinamiento abarcó los planos de la teología, la liturgia y la pastoral. Fue precisamente a comienzos de la década de 1970, en momentos en que la “Iglesia del Pueblo” alcanzaba su máximo desarrollo al calor de la protesta social, que las posiciones de los obispos tradicionalistas y conservadores tendieron a acercarse y, en ocasiones, a superponerse, en función de una coyuntura que favorecía soluciones basadas en las nociones de orden y disciplina. El tercer sector dentro del cuerpo episcopal estaba compuesto por aquellos obispos que habían adherido claramente al proceso de renovación promovido por el Concilio Vaticano II. En general, se trataba de obispos jóvenes, que habían sido consagrados al frente de algunas de las numerosas diócesis creadas en 1957 y 1961.

Hacia mediados de la década de 1970, al pequeño núcleo episcopal que integraban desde los tiempos del Concilio MONSEÑOR ZAZPE, arzobispo de Santa Fe; MONSEÑOR DEVOTO, obispo de Goya; MONSEÑOR IRIARTE, de Reconquista y MONSEÑOR ANGELELLI, de La Rioja, se habían sumado algunos obispos de reciente promoción al episcopado, como MONSEÑOR LAGUNA, obispo auxiliar de San Isidro desde 1975, MONSEÑOR HESAYNE, obispo de Viedma desde ese mismo año, o MONSEÑOR BIANCHI DI CÁRCANO, designado obispo auxiliar de Azul a comienzos de 1976. Estas designaciones episcopales, y otras que tendrían lugar durante el primer año del régimen militar –como la de MONSEÑOR ESPÓSITO al frente de la diócesis de Zárate-Campana, la de MONSEÑOR NOVAK en Quilmes o la de MONSEÑOR CASARETTO en Rafaela–, formaban parte de la política que la Santa Sede se había dado con respecto a la Iglesia argentina, cuya crisis interna seguía con preocupación. Dicha política consistía, básicamente, en llevar adelante un gradual proceso de renovación en el seno de un episcopado al que percibía como “POCO ABIERTO” Y QUE NO ASUMÍA ACABADAMENTE EL ESPÍRITU DEL CONCILIO VATICANO II.

Hasta aquí hemos compartido la investigación realizada por MARTÍN OBREGÓN, Docente en Historia e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Ha preparado una maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Sus investigaciones se centran en el papel de la Iglesia católica durante el Proceso argentino (1976-1983) y más generalmente las relaciones entre catolicismo, nacionalismo y derechos humanos en la Argentina.

Fuente:
www.historizarelpasadovivo.cl

LA INMACULADA MADRE DEL DIVINO CORAZON EUCARISTICO DE JESÚS

En el año 1990 comienzan las manifestaciones de la Santísima Virgen en la Provincia de Salta en la República Argentina, a MARÍA LIVIA GALLIANO DE OBEID, esposa y madre de tres hijos. Su vida fue muy simple, como ama de casa cumpliendo sus deberes y llevando una vida muy tranquila y feliz en su hogar. Ella nunca imaginó ver a la Virgen y nunca lo pidió. A principios del año 1990 comienza a tener las primeras manifestaciones sobrenaturales, siendo ella misma la primera sorprendida. Un día escucha una voz interior que le habla, esta voz es extraordinariamente hermosa y sobrenatural, e inmediatamente produce un cambio en su corazón. Estos coloquios se suceden a partir de allí con frecuencia. La voz que le habla se presenta como la “MADRE DE DIOS”. La señora al principio no comenta de esto a nadie, ella quiere guardar este secreto; no obstante esto, aunque lo disimula muy bien, hay un cambio muy elocuente en ella, porque siente un inmenso deseo de recogimiento y una gran felicidad en su alma.

Sin embargo, poco tiempo después, movida por un gran deseo de compartir esta dicha y felicidad, siente la necesidad de confiarle a su esposo y a su hija mayor, y lo comparte también con su pequeño entorno familiar, padres y hermanos; lo hace de manera espontánea y natural. En ese entonces MARÍA LIVIA reflexiona en su interior y piensa que esto no va a trascender más allá de la intimidad de su alma. Con este pensamiento ella abre cada vez más su corazón a la Virgen; y el diálogo entre ambas se va haciendo cada vez más íntimo. Estos primeros diálogos de amor, calidez y respeto de parte de esta extraordinaria visita son muy sorprendentes para LIVIA. La Virgen se manifiesta por primera vez, en la intimidad del hogar; y esto va a ser una experiencia transformante para ella, pues en función de esta aparición todo va a ser distinto en su sencilla vida.

En esta primera manifestación, LIVIA, siente una fuerza que la pone de rodillas, siente que su alma se eleva y obliga a que levante su cabeza, y en medio de una inmensa luz, aparece la imagen de una joven de alrededor de 14 años; con sus manos y brazos extendidos hacia abajo, desde donde salen purísimas luces que se extienden como rayos de cristal. Esta joven mujer es de una extraordinaria belleza. MARÍA LIVIA no duda que Ella es María. Esta manifestación permanece mirándola en silencio, tiene un rostro de niña y sus ojos de color azul mar son grandes y profundos, sus rasgos son muy marcados, de tal manera que quien la ve no podrá olvidarla jamás y su recuerdo quedará en el alma de tal manera que queda impreso. Lleva un vestido blanco purísimo, un manto azul profundo con destellos verdosos, cubre su cabeza con un velo blanco. Apoya sus pies descalzos sobre una pequeña nube que permanece a pocos centímetros del suelo, luego de un rato de contemplarse mutuamente, la joven le habla presentándose en persona. Después de esta experiencia MARÍA LIVIA por tres días no comió y apenas podía tragar su saliva. A partir de este suceso que el Señor le permite vivir, la vida ordinaria continúa, y ha de adecuarse a este nuevo estado tan sobrenatural. Es como volver a nacer. La Santísima Virgen continúa dialogando con ella todos los días intensamente con la intención de instruirla y prepararla para que se cumplan los designios que Dios tiene para ella.

La Virgen le confía varios secretos con pedidos expresos, algunos que se cumplirían inmediatamente, otros que debían cumplirse más adelante y que debían guardarse hasta el momento en que Ella lo manifestara. Durante 5 años guarda riguroso silencio. Se confía a su confesor, obedeciéndole en todo. En este período de silencio la obra crece en espíritu; es un período de preparación interior profundo. Un silencioso peregrinar sin interferencias humanas, guiada en el silencio por la Virgen y el Señor. En el año 1995, la Virgen le pide que se dirija al MONASTERIO SAN BERNARDO DE CARMELITAS DESCALZAS DE SALTA. Después de esto los mensajes son transmitidos en forma privada a los que los soliciten. Cumpliendo este deseo de la Virgen en que se den a conocer. A partir de allí la Comunidad de Carmelitas adopta espiritualmente a MARÍA LIVIA; desde entonces toda la Comunidad la sostiene con sus oraciones y amor hasta estos días. Con el correr de estos años la Virgen no tiene aún advocación. MARÍA LIVIA se lo pregunta en reiteradas oportunidades pero la Virgen siempre sonríe sin contestar, hasta el día 13 de septiembre de 1996, LIVIA tiene la siguiente visión:

“Hoy mientras estaba en oración vi a la Santísima Virgen que con gran esplendor y gloria bajaba del cielo con ángeles vestida de blanco, manto azul celeste y velo blanco. Con sus manos juntas en actitud de oración y una leve sonrisa en su hermosísimo rostro. Frente a la Santísima Virgen apareció una estrella que brillaba como el sol. La Virgen se arrodilló en profunda adoración, después solo vi en medio de la luz dorada la SANTA HOSTIA y el Corazón herido de Jesús y la voz de la Santísima Virgen que decía:

Bendito y adorado sea el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús.
Bendito y adorado sea el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús.
Bendito y adorado sea el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús

Después de esto la Madre dijo:
SOY LA INMACULADA MADRE DEL DIVINO CORAZON EUCARISTICO DE JESUS”

En síntesis estos son los temas centrales de los mensajes de la Virgen a MARIA LIVIA:

1.- Volver a amar el Divino Corazón Eucarístico de Jesús. Adorar perpetuamente en reparación al Corazón Eucarístico vivo y presente entre nosotros en la Sagrada Eucaristía.

2.- La Evangelización y Consagración del mundo entero al Corazón Eucarístico de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

3.- La unión de Occidente y Oriente.

4.- La preparación para la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo. Que consiste en un mayor conocimiento del Amor de Dios.

5.- La esperanza, el camino que nos conduce a Dios. Vivir el Amor, vivir con el Amor de su Divino Corazón, vivir un tiempo de eternidad.

LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO POR JOHANN SEBASTIAN BACH

La segunda esposa de Bach, Ana Magdalena, confiesa en su Diario que su admirado Sebastián -así le llamaba- fue la persona más sensible a los valores religiosos que conoció en su vida, en la que pudo tratar a personas de alta espiritualidad. De esa profunda y sincera piedad surgieron sus dos inigualables Pasiones: LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN (1724) y LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO (1729), esta es, posiblemente, la más grande obra religiosa de la historia de la música: texto y música, fidelidad al relato evangélico, elevada creación poética, piedad…, se unen en ella de manera que no podemos separar ningún aspecto como más sobresaliente. La obra, que lleva el número de catálogo BWV 244, fue compuesta por Bach entre 1727 y 1729 (se desconocen el año exacto y las circunstancias de la composición).

Con una duración de más de dos horas y media (en algunas interpretaciones incluso más de tres horas), es la obra más extensa del Bach. Aunque se relaciona directamente con la música fúnebre para el príncipe LEOPOLD DE ANHALT-CÖTHEN de 1729, se desconoce si la cantata fúnebre sirvió como modelo para la pasión o si la pasión fue el modelo de la cantata (o si existen otros orígenes anteriores). De cualquier forma, LA PASIÓN SEGÚN MATEO fue interpretada el 15 de abril de 1729 (Viernes Santo) en la IGLESIA DE SANTO TOMÁS EN LEIPZIG bajo la dirección del compositor, en una representación para la cual Bach no pudo disponer de los recursos idóneos (en un memorándum al Consejo de la ciudad de Leipzig, se quejó de que únicamente 17 de los 54 miembros del coro hubieran estado a la altura).

El texto del libreto está basado, por una parte, en los capítulos 26 y 27 del evangelio de Mateo en la traducción de MARTÍN LUTERO y, por otra parte, en poesías del escritor CHRISTIAN FRIEDRICH HENRICI (también conocido como PICANDER) y en corales luteranos relacionados con la pasión. Consta de dos grandes partes conformadas por 68 números. El texto del evangelio es cantado literalmente por un evangelista, y las personas de la trama (Cristo, Judas, Pedro, etc.) por los demás solistas. Alrededor del texto bíblico se agrupan coros, corales, recitativos y arias con la intención de interpretar el texto. Con una duración de más de dos horas y media (en algunas interpretaciones incluso más de tres horas), es la obra más extensa del compositor.

A pesar de que la obra no fue muy estimada en su tiempo por su estilo “operístico”, rechazado en su mayoría por los representantes del Pietismo dentro de la burguesía de Leipzig, Bach revisó algunas de las partes de la obra varias veces, la última de ellas en 1736, en donde incluyó un grupo de continuo con órgano para cada uno de los dos coros. Tras la muerte de Bach, la obra cayó en el olvido (como, en general, toda la obra del compositor) y no fue hasta 1829 cuando el compositor y director FELIX MENDELSSOHN volvió a interpretarla con la SING-AKADEMIE DE BERLÍN en una versión abreviada. La reinterpretación de esta obra dio inicio a un fuerte interés por el estudio y el análisis de las obras de Bach, particularmente las de gran escala, que ha persistido hasta nuestros días.

ANA FRANK

Fue una niña judía alemana, mundialmente conocida gracias a su Diario, donde dejó constancia de los casi dos años y medio que pasó ocultándose, con su familia y cuatro personas más, de los nazis en Ámsterdam durante la Segunda Guerra Mundial. Su familia fue capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes. El único superviviente de los ocho escondidos fue Otto Frank, su padre. Ana fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el 2 de septiembre de 1944 y, más tarde, al campo de concentración de Bergen-Belsen, donde murió de tifus el 12 de marzo de 1945, pocos días antes de que éste fuera liberado. Al cumplir trece años, el 12 de junio de 1942, Ana recibió un pequeño cuaderno que había señalado a su padre en una vitrina unos días antes. Si bien se trata de un libro de autógrafos, empastado en tela a cuadros rojo y negro, con una pequeña cerradura en el frente, Ana ya había decidido que lo utilizaría como diario. Empezó a escribir en él casi inmediatamente, describiéndose ella y su familia así como su vida diaria en casa y en el colegio.

En el escondite (LA CASA DE ATRÁS) había ocho personas: sus padres, Otto y Edith Frank; ella y su hermana Margot; Fritz Pfeffer, un dentista judío (al que Ana dio el nombre de Albert Dussel en su Diario), y la familia van Pels, formada por Hermann y Auguste van Pels y el hijo de ambos, Peter. Durante aquellos años, Ana escribió su Diario, en el que describía su miedo a vivir escondida durante años, sus nacientes sentimientos por Peter, los conflictos con sus padres, y su vocación de escritora. Pocos meses antes de ser descubiertos, empezó a reescribir su Diario con la idea de publicarlo tras la guerra. Después de más de dos años, un informador holandés guió a la GESTAPO a su escondite, allí fueron arrestados. El 2 de septiembre de 1944 toda la familia fue trasladada en tren, al campo de concentración en el noreste de Holanda a Auschwitz, viaje que les llevó tres días.

El 5 de julio de 1942, Margot Frank recibió un aviso ordenándole presentarse para deportación hacia un campo de trabajo. Ana fue entonces informada de un plan que Otto había preparado con sus empleados de mayor confianza, y que ya conocían Edith y Margot desde hacía pocos días. La familia se escondería en cuartos camuflados en las instalaciones de la empresa. El 9 de julio de 1942, la familia se mudó al escondite preparado y su antiguo apartamento fue dejado en desorden para hacer pensar que había sido abandonado de manera súbita, Otto Frank dejó una nota de la que se podía deducir que habían logrado escapar hacia Suiza. Como los judíos no podían utilizar los transportes públicos debieron caminar varios kilómetros desde su casa hasta el refugio, portando cada uno todas las vestimentas que pudieron, dado que no podían correr el riesgo de ser vistos con equipajes.

“LA CASA DE ATRÁS”, era un espacio de tres pisos en la parte posterior del edificio con acceso a un patio detrás de las oficinas. En el primer nivel había dos pequeñas habitaciones, con un baño adjunto sobre el que se encontraba una gran habitación, con otra más pequeña adjunta. De esa habitación pequeña se subía hacia el ático. La puerta fue cubierta con una estantería para que no se la pudiera ver. Ana se referiría más tarde a este espacio como el anexo secreto. A finales de julio, se les unió la familia van Pels y más tarde en noviembre llegó Fritz Pfeffer (Albert Dussel), dentista y amigo de la familia. Ana escribió sobre lo bueno que era tener otras personas con quién hablar, pero las tensiones rápidamente se presentaron en este grupo de personas que debían compartir confinados este escondite.

Ana pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo y estudiando, al tiempo que continuaba escribiendo en su diario. Además de narrar los eventos transcurridos, Ana escribía sobre sus sentimientos, creencias y ambiciones, temas de los que no hablaba. Al sentirse más segura sobre su forma de escribir, al mismo tiempo que crecía y maduraba, escribía sobre temas más abstractos, como sus creencias en Dios, o sobre cómo definía ella la naturaleza humana. Escribió regularmente hasta su anotación final, el 1 de agosto de 1944.

La mañana del 4 de agosto de 1944 la GESTAPO asaltó la “LA CASA DE ATRÁS” siguiendo una pista de un informador que nunca fue identificado. Conducido por el Sargento del Cuerpo de Protección (SS), el grupo contaba con al menos tres miembros de la Policía de Seguridad. Llevaron a los miembros de la casa a un campo en Westerbork. Siendo aparentemente un campo de tránsito por el que hasta ese momento habían pasado más de 100.000 judíos, el 2 de septiembre el grupo fue deportado en el que sería su último traslado desde Westerbork hasta el campo de concentración de Auschwitz. Tras tres días de viaje llegaron a su destino, y los hombres y mujeres fueron separados según su sexo, para no volverse a ver más. De los 1.019 pasajeros, 549 – incluyendo niños menores de 15 años – fueron seleccionados y enviados directamente a las cámaras de gas, en las que fueron asesinados. Ana había cumplido 15 años tres meses antes y se libró, y aunque todos los de “LA CASA DE ATRÁS” sobrevivieron a la selección, Ana creyó que su padre había sido asesinado.

Junto con las otras mujeres no seleccionadas para la muerte inmediata, Ana fue obligada a permanecer desnuda para desinfectarla, le raparon la cabeza y le tatuaron un número de identificación en el brazo. Durante el día usaban a las mujeres para realizar trabajos forzados. Las enfermedades se propagaban velozmente y en poco tiempo Ana terminó con la piel cubierta de costras. El 28 de octubre comenzó la selección para reubicar a las mujeres en Bergen-Belsen. Más de 8.000 mujeres, Ana Frank, Margot Frank, fueron transportadas, pero Edith Frank se quedó atrás. Se levantaron tiendas para acoger la afluencia de prisioneros, entre ellos Ana y Margot, y a medida que la población aumentaba el índice de mortandad debido a enfermedades aumentó rápidamente.

En marzo de 1945, una epidemia de fiebre tifoidea se propagó por todo el campo; se estima que terminó con la vida de 17.000 prisioneros. Los testigos contaron más tarde que Margot, debilitada como estaba, se cayó de su litera y murió como consecuencia del golpe, y que pocos días después Ana también murió. Pocas semanas antes de que el campo fuese liberado por tropas británicas el 15 de abril de 1945. De los ocho inquilinos de “LA CASA DE ATRÁS”, sólo el padre de Ana sobrevivo y cuando regresó a Ámsterdam, fue informado del fallecimiento de su esposa y del traslado de sus hijas a Bergen-Belsen, quedando con la esperanza de que lograran sobrevivir. En julio de 1945, la Cruz Roja confirmó las muertes de Ana y Margot. Tratando de cumplir póstumamente el deseo de Ana expresado en el Diario de convertirse en escritora, su padre decidió intentar publicarlo. Al preguntársele muchos años después sobre su primera reacción, respondió sencillamente: "Nunca supe que mi pequeña Ana era tan profunda".

miércoles, 22 de marzo de 2017

LA VALKIRIA DURMIENTE

El relato, la película de Disney y la música de THAIKOVSKY que convirtió la narración de notas musicales para el ballet que se estrenó en San Petersburgo el 3 de enero de 1890, como muchos otros cuentos populares, lo que ahora conocemos de la Bella Durmiente es una evolución de distintas historias cuyo origen se pierde en los oscuros años medievales. La SAGA VOLSUNGA es un relato escrito en Islandia en el siglo XIII que rescata historias aún más antiguas que se remontan al año 800 a.C. aproximadamente. La saga recoge la historia de dos personajes míticos que podrían ser aun más lejanos en el tiempo. Se trata de SIGURD y BRUNILDA.

El relato nos presenta a una Valkiria, una deidad femenina que tiene su origen en la mitología nórdica, de nombre BRUNILDA, como todas las Valkirias, debía recoger a los héroes que habían muerto en el campo de batalla para trasladarlos al gran salón de la ciudad de ASGARD conocido como EL VALHALA, allí vive el dios principal de la mitología nórdica, ODÍN. Este le pide a BRUNILDA que elija a quién debe salvar en la batalla entre los reyes AGNAR y HJALMGUNNAR. BRUNILDA no escoge al segundo, quien era el favorito de ODÍN y este la condena a un sueño eterno después de despojarla de su naturaleza de diosa.

BRUNILDA duerme su largo sueño en el MONTE HINDARFJALL, en los Alpes, hasta donde llega un caballero llamado SIGURD enviado por su rey, GUNNAR. Este rey, conocedor de la historia y la maldición de BRUNILDA, espera conseguir su mano por mediación de SIGURD quien se disfraza con las ropas de su rey para despertar a BRUNILDA con un beso. El final de SIGURD y BRUNILDA es dramático y no conseguirán vivir su amor prohibido. En el siglo XVII, el italiano GIAMBATTISTA BASILE escribió un cuento titulado SOL, LUNA Y TALIA que narraba la historia de TALIA, hija de un rey maldita por una profecía que asegura que se pinchará con una astilla envenenada oculta entre el lino.

A pesar de los intentos del desdichado rey de evitar la presencia de lino en su reino, TALIA encuentra una rueca de hilar lino y se clava una astilla que la fulmina. El rey, desolado, deja el cadáver de su hija dentro del palacio que termina abandonando sumido en una profunda tristeza. Poco tiempo después un noble llega por casualidad a aquel extraño palacio abandonado y encuentra el cuerpo de TALIA que no está muerta, sino atrapada en un profundo sueño. Prendado de su belleza sucumbe a ella, la besa y tiene relaciones con ella. TALIA da a luz a dos gemelos, niño y niña, Sol y Luna, nueve meses después, los niños son cuidados por unas hadas que velan también el cuerpo de la princesa durmiente que despertará gracias al beso de su hijo en el dedo herido por la astilla.

En el mismo siglo XVII, CHARLES PERRAULT, y un siglo después los HERMANOS GRIMM escribieron sus propias versiones de una princesa que terminaba durmiendo por algún maleficio. Fueron estos dos cuentos los que inspirarían el clásico de Disney y el ballet clásico al que puso música THAIKOVSKY.

¿FUE TENTADO JESÚS POR EL DIABLO?-Segunda Parte

Después de salir de la esclavitud de Egipto y entrar a la libertad del desierto, por 40 años experimentó un hambre parecida. Ante la escasez de alimento, el pueblo sí cayó en la tentación. Se reveló contra Moisés, anheló poderes especiales para hacer aparecer alimento, y hasta llegó a añorar tener poder para volver a la esclavitud de Egipto, en donde comía bien. (Éx 16). Muchos años después, Moisés le echaría en cara esta debilidad, diciéndole que deberían haber pensado que no sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que sale de la boca de Yahvé (Deut 8, 3). Pero cuando le sobrevino esa misma tentación a Jesús, se negó a usar sus poderes especiales en beneficio de sí mismo, y recordando aquellas palabras de Moisés se las presentó al diablo y lo derrotóEl segundo encuentro entre Jesús y el diablo tiene lugar, según Mateo, en el techo de una de las galerías del Templo, sobre un precipicio de más de cien metros que daba al torrente Cedrón. Allí es invitado a tirarse al vacío para probar que Dios lo cuida siempre y no permite que le suceda nada. De paso, realiza un milagro maravilloso. También Israel había pasado por una situación parecida. En la localidad de Masá, en el desierto, había faltado el agua. Sabían que Yahvé estaba con ellos y nunca los abandonaba. Pero para probarlo y ver si era cierto que Dios no permitiría que nada le sucediera, exigieron a Moisés que con un signo maravilloso hiciera aparecer agua. Cayeron en la tentación de usarlo a Dios. Y no obstante ello, Dios les hizo el milagro, no más (Éx 17, 1-7). Pero Moisés, recordando este episodio, años más tarde les reprochó: "Nunca más vuelvan a tentar a Dios" (Deut 6, 16).

Ahora esta misma tentación la tenía Jesús: probar a Dios tirándose del techo para ver si era cierto que siempre estaba con él. Pero el Señor, recordando otra vez el consejo de Moisés, se lo volvió a citar al diablo para vencerlo. La tercera vez que se enfrenta Jesús al tentador es en una montaña altísima, desde donde en una visión imaginaria contempla todos los reinos de aquel entonces. Esta vez Satanás va directamente al grano y le descubre el fin de sus tentaciones: abandonar el servicio exclusivo del Padre y convertirse en un adorador del diablo, para obtener mejores beneficios y riquezas en su vida. También Israel en el desierto tuvo esta tentación: abandonar a Yahvé y hacerse un ídolo, un becerro de oro para adorarlo. Y había sucumbido ante ella (Éx, 32). Con su infinita y habitual paciencia, Moisés dirigió un discurso al pueblo antes de entrar en la tierra prometida, pidiéndole que ahora no se dejaran tentar por los otros dioses que allí pudieran encontrar, pues "sólo a Dios hay que adorar, y a él solo darle culto" (Deut 6, 13). Según los evangelistas Jesús habría vivido esta misma tentación de adorar a otro fuera de Dios Padre. Y la superó nuevamente con las palabras de Moisés, que le sirvieron de arma vencedora. Israel había sido derrotado en todas las pruebas del desierto. Fueron tantas las transgresiones y los desprecios a Yahvé, que Dios no pudo engrandecer al pueblo, como era su proyecto. Es cierto que éste logró asentarse en la tierra prometida, pero desde allí no consiguió aportar para toda la humanidad los aires de paz, de amor, de prosperidad que Dios tenía pensados. No supo enseñar cómo debe vivir un pueblo con Dios en el medio.

Por eso los profetas, mirando hacia el futuro, confiaron en que Dios mandaría un Mesías con la fuerza suficiente para vencer todas las tentaciones y convertir en realidad las antiguas esperanzas del pueblo. Con la llegada del Señor, los evangelistas sugieren que se inaugura un "nuevo pueblo de Israel", formado por Jesucristo y sus seguidores, los cristianos. Estos tienen ahora la difícil tarea de reanudar la conquista, todos los días, de esa tierra prometida, que ahora es el mundo entero, e instaurar en él una nueva era de armonía, de paz y de salvación que no había podido lograr el Israel de los patriarcas. Y esta vez sí será posible pues el iniciador de la empresa, Jesús, salió triunfante de las pruebas, y todo aquél que viva unido a él puede, de ahora en más, vencer también las tentaciones. Por ello los autores reunieron las tentaciones sólo al inicio de su vida pública. Para señalar que si uno se esfuerza por vencerlas, tiene luego despejado el camino hacia el éxito, y asegurado el triunfo final, como Jesús. Ningún exegeta sostiene que Jesús fue realmente llevado al desierto, que allí sintió hambre y fue tentado, que luego pasó al Templo de Jerusalén, y terminó en la cima de un monte. Toda esta coreografía es una creación de los evangelistas a fin de dejarnos una enseñanza. Pero aún queda la pregunta: ¿estos relatos de las tentaciones fueron totalmente inventados por los hagiógrafos, o se basaron en episodios reales de la vida de Jesús? Todo lleva a pensar en lo segundo.

Para la primera tentación la palabra "pan" nos da una pista de cuándo pudo haberle sucedido. Probablemente fue el día en que, frente al hambre de la multitud, multiplicó los panes (Mc 6, 30-44). San Juan relata que al ver el signo que había hecho, la gente quiso apoderarse de él para hacerlo rey a fin de tener siempre a uno que le satisficiera sus necesidades materiales. Jesús, frente a la miseria y el dolor de la gente, se habría inclinado a aceptar. Pero al darse cuenta de que era una tentación se retiró solo a la montaña (Jn 6, 14-15). ¿Quién fue el diablo de esta primera tentación? Fue el mismo pueblo, que lo tentaba para que de la nada siguiera sacando más pan, y redujera sólo a eso su misión ¿Cuándo pudo haberle ocurrido la segunda tentación? El tentador le pide que haga un milagro "desde arriba, tirándose al vacío" para convencer a la gente de sus poderes extraordinarios. El diablo de esta tentación es mucho más experto e inteligente que el de la primera, y además conoce bien la Biblia, pues le cita el salmo 91. También aquí tenemos una pista. Sabemos que un día "se le acercaron los fariseos y saduceos, y para tentarlo le pidieron que les hiciera una señal en el cielo", así creerían definitivamente en él (Mt 16, 1). Jesús ya llevaba años predicando, pero la dureza de corazón de esta gente les había impedido convertirse, y lo único que había cosechado eran burlas. Ahora tenía la posibilidad de apabullarlos con algún prodigioso milagro y taparles definitivamente la boca. Pero reaccionó ante la nueva tentación, y "dejándolos, se fue" (Mt 16, 4).

¿Quién fue el tentador en esta prueba? El dominio que tiene de la Biblia nos da un indicio: alguien que conoce muy bien la religión. Si claro, fueron las autoridades religiosas, que intrigadas por la actividad que Jesús desplegaba en medio del pueblo lo desafían a que ejecute un gran milagro para ver hasta dónde tenía poder. La tercera tentación, la del facilismo, en la que el diablo le propone conquistar todos los reinos del mundo sin sufrimientos ni sacrificios, simplemente adorándolo, la sufrió cuando Simón Pedro, al oír a Jesús que anunciaba su futura pasión y sufrimientos, le aconsejó que no se dejara matar en la cruz sino que conquistara el mundo de un modo más fácil. Jesús, luego de pensarlo, le contestó: "apártate de mi vista, Satanás" (Mt 16, 21-23). El diablo en realidad fue, esta vez, el mismo apóstol Pedro. Jesús fue tentado durante toda su vida. Pero la experiencia de sus pruebas fue resumida por los evangelistas en 3 tentaciones. Con esto pretendieron decir que también nosotros seremos tentados toda la vida. Que estemos preparados para ello. Sólo la persona no comprometida puede jactarse de no ser tentada nunca. En cambio las tentaciones se intensifican a medida que uno va aproximándose a su ideal. Pero sobre todo quisieron enseñarnos que si Jesús, como hombre, pudo superar sus tentaciones, también todo hombre puede hacerlo. Nunca una tentación está por encima de las fuerzas humanas. Nadie debe poner el pretexto, cuando caiga, de que la tentación fue más fuerte que él, ya que desde Cristo en adelante, quienes se dejan guiar por el Espíritu salen siempre victoriosos. Especialmente si conocen la Palabra de Dios, gracias a la cual, Jesús pudo vencer los embates del diablo.

Extractado de la Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo - Argentina
Biblista y Teólogo
Ariel Álvarez Valdés

CHUCK BERRY

CHARLES EDWARD ANDERSON BERRY nació el 18 de octubre de 1926 en St. Louis, Missouri. Su madre, Martha, era profesora y su padre, Henry, contratista y diácono baptista. Era el tercero de seis hermanos. Estudió en la SUMMER HIGH SCHOOL, la primera escuela de secundaria para afroamericanos del oeste de Mississippi, en la que también estudió TINA TURNER. Fue precisamente en esta escuela donde realizó su primera presentación musical, una versión de la canción "CONFESSIN' THE BLUES" de JAY MCSHANN. Berry había aprendido a tocar guitarra gracias a un libro titulado NICK MANOLOFF'S GUITAR BOOK OF CHORDS y la ayuda de sus vecinos. Su primer instrumento fue una guitarra tenor de cuatro cuerdas que le habían prestado. Durante este tiempo fue influenciado por géneros como el BOOGIE-WOOGIE, EL BLUES Y EL SWING.

En 1944, durante un viaje que realizó a Kansas City junto a dos amigos, el músico fue arrestado y condenado por el delito de robo a mano armada. Los jóvenes habían robado tres tiendas y un automóvil con la ayuda de una pistola que habían encontrado. BERRY y sus amigos fueron sentenciados a 10 años de prisión siendo liberado en 1947, a principios de 1953 se unió a la banda de RHYTHM AND BLUES SIR JOHN TRIO, en reemplazo del saxofonista ALVIN BENNETT. El grupo, liderado por el pianista JOHNNIE JOHNSON, tocaba en un popular club de Saint Louis llamado COSMOPOLITAN. Con el tiempo BERRY fue adquiriendo mayor protagonismo dentro de la banda, la cual fue rebautizada CHUCK BERRY COMBO. Durante las presentaciones tocaban algunas canciones country, así como versiones de canciones de NAT KING COLE o MUDDY WATERS.

En 1955, aprovechando su estancia en Chicago, BERRY fue a un club a ver una presentación de MUDDY WATERS. Siguiendo el consejo de éste, el guitarrista contactó con la compañía discográfica Chess Records para grabar su primer disco. El dueño de la compañía, Leonard Chess, aceptó escuchar las grabaciones, por lo que el músico regresó a Saint Louis para preparar una cinta de muestra. Entre las canciones que grabó se encontraba "IDA MAY" (una versión de la canción de country "IDA RED"), y una canción de blues titulada "WEE WEE HOURS". Aunque a Chess le gustó "WEE WEE HOURS", que coincidía con el género musical con el que trabajaba su discográfica, se interesó más por la primera canción, por lo que decidió contratarlo. En julio de 1955 lanzaron el sencillo "MAYBELLENE", que tomaba como base el ritmo de "IDA MAY". El sencillo vendió más de un millón de copias, alcanzando el primer puesto en el ranking de R&B y el quinto en el de música pop.

El éxito alcanzado le permitió aparecer en la película Rock, Rock, Rock (1955), donde canta la canción "YOU CAN'T CATCH ME". Sus siguientes sencillos fueron "THIRTY DAYS", "NO MONEY DOWN" y "TOO MUCH MONKEY BUSINESS", los cuales tuvieron buenas ventas pero no superaron el éxito de "MAYBELLENE". A finales de junio de 1956 lanzó la canción "ROLL OVER BEETHOVEN", que logró el segundo lugar en el ranking de ventas R&B y el puesto 29 en el Billboard Top 100. Su siguiente sencillo, "SCHOOL DAYS", alcanzó la primera ubicación del ranking R&B, el tercer puesto del Billboard Top 100, y fue la primera canción de Berry en aparecer en los rankings de ventas británicos, llegando al puesto número 24.

En 1958 publicó dos de sus sencillos más exitosos. "SWEET LITTLE SIXTEEN" alcanzó la primera posición en el ranking de R&B, la segunda en el Billboard Top 100 y el puesto 16 en el Reino Unido. En abril lanzó "JOHNNY B. GOODE", canción inspirada en su mentor y compañero de banda Johnnie Johnson. El sencillo llegó al segundo puesto del ranking de R&B y al octavo del Top 100. Durante estos años, Berry era un músico consolidado, realizando varias giras alrededor de Estados Unidos y apareciendo en programas de televisión. Aprovechando su éxito económico, el guitarrista invirtió parte del dinero en bienes raíces cerca de Saint Louis, así como en clubes nocturnos. En 1958 fundó un club llamado CLUB BANDSTAND, que admitía la entrada sin segregar a los clientes por su raza. En diciembre de 1959 enfrentó una de las acusaciones más graves de su carrera. BERRY conoció a una joven apache ofreciéndole un trabajo de camarera en su club. Algunas semanas después, la joven fue arrestada por ejercer la prostitución en un hotel de la ciudad.

Este hecho llevó a que Berry fuese arrestado por infringir la LEY MANN, por "transportar a una menor de edad a través de la frontera del estado para fines inmorales" El guitarrista fue condenado a cinco años de prisión y al pago de una multa de 5000 dólares. Tras haber pasado cerca de dos años de prisión, BERRY fue liberado en octubre de 1963. Mientras el guitarrista estuvo privado de libertad, y durante los años siguientes, Estados Unidos comenzó a experimentar la llamada "invasión británica", con bandas como THE BEATLES, THE ROLLING STONES, THE YARDBIRDS Y THE ANIMALS. La música de estos grupos estaba influenciada por el estilo de BERRY, llegando incluso a realizar nuevas versiones de sus canciones.

En 1964 lanzó sencillos como "NADINE", "NO PARTICULAR PLACE TO GO", "YOU NEVER CAN TELL" y "PROMISED LAND". En octubre además participó en un concierto llamado THE TEEN AGE MUSIC INTERNATIONAL SHOW, junto a músicos como THE BEACH BOYS, JAMES BROWN, THE ROLLING STONES, THE SUPREMES, MARVIN GAYE Y SMOKEY ROBINSON. El concierto, realizado en Santa Mónica (California), fue grabado y estrenado como un documental. En 1965 lanzó el sencillo "DEAR DAD", que se convirtió en la última canción de Berry en entrar a los rankings de ventas durante aproximadamente siete años. Durante la década de 1970 Berry realizó giras a lo largo del país, acompañado solo por su guitarra. Sus representantes debían preocuparse de contratar, en cada ciudad donde se presentara, a una banda local para que lo acompañe, ya que era más barato que viajar junto a los músicos durante toda la gira. Al final de los años 1980, BERRY abrió un restaurante en Wentzville, Missouri, al que llamó THE SOUTHERN AIR, pero al poco tiempo volvió a ser tema de atención en diciembre de 1989 por supuesto voyeurismo en los cuartos de baño femeninos de su restaurante. Un grupo de mujeres demandó a BERRY, pero todo llegó a su fin tras un acuerdo extrajudicial en el que se estimó que el músico pagó aproximadamente 1,2 millones de dólares a las denunciantes.

En octubre de 2016, durante la celebración de su 90º cumpleaños, CHUCK BERRY anunció el lanzamiento de su nuevo disco, previsto para 2017. Sería su primer álbum con temas nuevos en 38 años y sus hijos formarían parte de la banda durante la grabación. Berry fue encontrado muerto por la policía el sábado 18 de marzo de 2017 en su casa ubicada en el Condado de Saint Charles, en Misuri. Tenía 90 años de edad.

Su canción "JOHNNY B. GOODE" fue incluida en el disco de oro de las Voyager, unas sondas espaciales que fueron lanzadas en 1977. La idea de los discos fue adoptada por Carl Sagan, que lo vio como una cápsula del tiempo que alberga sonidos e imágenes representativos de la diversidad en la Tierra. Entre su contenido se encuentran saludos en diferentes idiomas, imágenes, sonidos y canciones provenientes de diversas partes del mundo. El año 2008 "JOHNNY B. GOODE" fue ubicada en el primer puesto de las 100 mejores canciones de guitarra de todos los tiempos.

LA IGLESIA ARGENTINA DURANTE LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR - Primera Parte

En el estado actual de las investigaciones es posible afirmar que los sectores mayoritarios de la jerarquía católica brindaron su apoyo al régimen militar entre 1976 y 1983, adoptando una posición sumamente moderada ante la violación sistemática de los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la imagen de una Iglesia que fue “cómplice” de la dictadura militar, bastante difundida en la sociedad, ha conspirado en ocasiones contra un análisis más profundo, favoreciendo simplificaciones y esquematismos, lejos de constituir un bloque homogéneo y monolítico, estuvo atravesada por fuertes debates internos vinculados a diferentes concepciones teológicas y pastorales, como así también a diversos posicionamientos frente al gobierno militar.

Esa crisis interna, que desgarraba a la Iglesia argentina desde los tiempos del Concilio Vaticano II, se había profundizado desde fines de la década de 1960 y se puso de manifiesto de manera dramática durante los primeros años del Proceso. La existencia en el seno de la institución de capellanes castrenses que reconfortaban espiritualmente a los torturadores en los campos de concentración de la dictadura, por un lado, y por el otro, de centenares de sacerdotes, religiosos y laicos que pasaron a engrosar el censo de las víctimas de la represión ilegal habla a las claras de la complejidad del problema y de la profundidad de esa crisis interna. Las conclusiones del Concilio Vaticano II y de la Conferencia Latinoamericana de Medellín desencadenaron una verdadera tormenta en el catolicismo argentino, cuya jerarquía era una de las más conservadoras de América Latina.

Ambos encuentros suponían el abandono de las concepciones tomistas sobre las que se había erigido la Iglesia nacional. A lo largo de los tres años que duró el Concilio se gestó una verdadera revolución dentro de la institución, cuyos rasgos centrales fueron, por un lado, la aceptación, por parte de los católicos, de la autonomía de la esfera temporal y, por otro lado, la redefinición de la realidad social y económica como un campo en el que la Iglesia debía intervenir para solucionar los problemas del mundo. Las innovaciones promovidas por el Concilio Vaticano II se pusieron de manifiesto en el campo doctrinario, donde se produjo una renovación de los estudios bíblicos al tiempo que comenzaba a advertirse un giro desde una lectura “espiritualista” del mensaje evangélico hacia otra más bien “socio histórica”, que tendía a vincular la interpretación de los textos con los procesos políticos y sociales en curso.

El nuevo rumbo adoptado por la Iglesia universal tomó por sorpresa a la jerarquía eclesiástica argentina, ya sometida a la presión de sectores más radicales, tanto clérigos como laicos, que querían poner en práctica rápidamente las reformas que acabamos de señalar. En efecto, para estos sectores de la Iglesia, el Concilio representaba la consagración de lo que habían impulsado desde comienzos de la década de 1960: una renovación en el ámbito de los estudios teológicos, una mayor participación de los sacerdotes y los laicos en la vida interna de la Iglesia, una pastoral y liturgia más cercanas a la realidad social. Los debates que había originado el Concilio fueron amplificados tres años más tarde por la Conferencia de Medellín, donde los obispos de América Latina sintetizaron sus posiciones en torno de la forma en que se debían adaptar las disposiciones del Concilio a las problemáticas de la región.

El documento del episcopado latinoamericano promovía la “participación” de los cristianos “en la vida política de la nación”, al tiempo que subrayaba la importancia de la acción de la Iglesia en la “formación de la conciencia social y la percepción realista de los problemas de la comunidad y de las estructuras sociales”. Se planteaba, además, la necesidad de “defender, según el mandato evangélico, los derechos de los pobres y oprimidos” y de “denunciar enérgicamente los abusos y las injustas consecuencias de las desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles, favoreciendo la integración”. También encontraba su lugar en el texto la denuncia de la violencia institucionalizada, al señalarse que “las estructuras actuales violan derechos fundamentales”; lo anterior dejaba abiertas las puertas para lo que sería la justificación del uso de la violencia por parte de los oprimidos.

La radicalización de los sectores “progresistas” del clero y del laicado argentino –que se ponía de manifiesto también en la utilización de métodos de análisis y herramientas conceptuales provenientes del marxismo–, tuvo como contrapartida la de los sectores tradicionalistas que, desafiando incluso la autoridad del magisterio católico, veían en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia de Medellín, verdaderas “agresiones” a la Iglesia. En diversos grupos de la derecha católica, algunos de los cuales mantenían estrechos vínculos con sectores de las Fuerzas Armadas, se intensificó la campaña contra los sacerdotes tercermundistas, a quienes se acusaba de “infiltración izquierdista” en la Iglesia. La radicalización de estos grupos católicos de izquierda tuvo lugar en un contexto de intensa protesta social luego del Cordobazo. A partir de mayo de 1969, alzamientos populares y manifestaciones a lo largo de todo el país pusieron en jaque al gobierno de las Fuerzas Armadas, encabezado por el general Onganía.

En este proceso intervinieron varios factores. El primero fue la politización de los sectores medios. En las universidades, el movimiento estudiantil adquirió un desarrollo notable y de ese ámbito surgieron gran parte de los cuadros que integrarían las organizaciones revolucionarias. El clima contestatario alcanzó también a los docentes y a los grupos profesionales (abogados, psicólogos, arquitectos) que profundizaron los cuestionamientos a los métodos tradicionales de la enseñanza y a los cánones que regían el funcionamiento de las distintas disciplinas, proponiendo prácticas innovadoras. El segundo fue la rápida difusión en el movimiento obrero de tendencias combativas en la línea de la lucha de clases, al tiempo que una oleada de huelgas, tomas de fábricas y protestas callejeras generaban una profunda inquietud entre los sectores propietarios. En todo caso, el surgimiento a comienzos de la década de 1970, de las organizaciones revolucionarias armadas más importantes –el Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros– ponía de relieve el grado de radicalización que habían alcanzado estos sectores de la sociedad argentina.

Englobados en lo que se ha dado en llamar la “nueva izquierda”, impugnaban la estructura económica y social vigente por sus reivindicaciones. Ante esta situación, uno de los objetivos centrales de quienes planearon el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 fue disciplinar a la sociedad argentina por la instauración sistemática del terror. La identificación de determinadas posturas ante la línea adoptada por el Concilio y luego por Medellín en el seno de la asamblea de obispos no deja de plantear dificultades metodológicas, ya que la misma se compone de individuos susceptibles de modificar sus posiciones a lo largo del tiempo, o de diferenciarse entre sí en torno de ciertos temas y no en torno de otros. Haciendo esta aclaración es posible distinguir tres líneas dentro del episcopado católico que se fueron perfilando a lo largo de los años que separan el Concilio Vaticano II del golpe de estado de 1976: tradicionalistas, conservadores y renovadores (y entre estos últimos –con la misma advertencia con relación a los matices en las posiciones– entre renovadores moderados y progresistas).

Hasta aquí hemos compartido la investigación realizada por MARTÍN OBREGÓN, Docente en Historia e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Ha preparado una maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Sus investigaciones se centran en el papel de la Iglesia católica durante el Proceso argentino (1976-1983) y más generalmente las relaciones entre catolicismo, nacionalismo y derechos humanos en la Argentina.

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