miércoles, 12 de abril de 2017

¿PORQUÉ LO MATARON A JESÚS? - SEGUNDA PARTE

Todos saben cómo murió Jesús: crucificado. Pero casi nadie sabe por qué lo mataron, cuál fue el motivo determinante de su muerte. Durante su vida pública, Jesús tuvo serios enfrentamientos con las autoridades de su tiempo por diversas razones. Porque no respetaba el sábado (Mc 2,27), no observaba las normas de pureza (Mc 7,1-23), modificaba la ley de Moisés (Mt 5,20-48), se rodeaba de gente excomulgada (Mc 2,13-14), comía con personas de mala fama (Mc 2,15-17), tocaba a los leprosos y a los muertos (Mc 1,41; 5,41). Y varias veces las autoridades estuvieron a punto de apresarlo y darle muerte, pero no pudieron hacerlo por temor a la reacción de la gente. Sin embargo en cierto momento Jesús hizo algo que colmó la paciencia de los gobernantes, y los obligó a tomar la decisión de acabar con su vida. ¿Cuál fue ese incidente?

La versión de Mateo es diferente (Mt 21,12-17). Él escribe para lectores de origen judío, que esperaban la llegada de un futuro Mesías. Por eso adapta el relato a esta mentalidad. Ante todo, dice que Jesús expulsó a los vendedores del Templo el mismo día en que entró en Jerusalén, y no al día siguiente como indica Marcos. Se trata de un detalle muy importante. Porque el día de su entrada en Jerusalén es el día en que la ciudad entera lo había aclamado como Rey y Mesías. De este modo, Mateo quiere decir que el Jesús que acaba de ingresar en el Templo es el Mesías que ellos esperaban.

¿Y qué viene a hacer el Mesías al Templo? Según la creencia judía, el Templo de Jerusalén estaba impuro desde hacía muchos años. En efecto, en el año 167 a.C., un rey de Siria llamado Antíoco Epífanes había invadido Jerusalén y había ofrecido en su Santuario sacrificios a los dioses paganos. Desde entonces los judíos sentían que su Templo estaba manchado, y vivían consternados por eso, pero no podían hacer nada. Sólo les quedaba aguardar que, según una antigua profecía (Mal 3,1-3), llegara el Mesías a purificarlo (1Mac 4,44-46). Mateo, al presentar a Jesús como Mesías, y además purificando el Templo, sugiere que lo purifica no sólo de los vendedores y cambistas, sino de su antigua y vergonzosa mancha.

Para reafirmar esta idea, agrega dos detalles propios de él: a) refiere que luego de expulsar a los vendedores se le acercaron unos ciegos y paralíticos, y los curó; porque estas curaciones se esperaban del Mesías cuando viniera (Mt 11,5); b) señala que un coro de niños hebreos se puso a aclamarlo como Mesías; así, ya no quedaba duda alguna de su identidad. A Mateo no le interesa, como a Marcos, el atrio de los paganos (por eso no cuenta el detalle de que Jesús obstaculiza el paso de la gente por el Templo, ni dice que este será casa de oración para todas las naciones). Le interesa el Templo judío propiamente dicho, y mostrar a Jesús que se presenta como el Mesías que viene a tomar posesión de él y a purificarlo. Por eso decidieron matarlo.

La versión de Lucas es la más breve de todas. Apenas tiene dos versículos, y no cuenta casi nada (Lc 19,45-46). Sólo dice que Jesús echó fuera a los vendedores. No hay mesas volcadas, ni puestos de palomas derribados, ni gente bloqueada para que no pase. ¿Por qué Lucas lo acortó tanto? Porque él escribe para una comunidad cristiana formada por ex paganos y ex judíos, que está en crisis, y que amenaza con dividirse por problemas internos. Por eso busca eliminar de su Evangelio (y también del incidente del Templo) casi todas las escenas de violencia y agresión que pudieran aumentar aun más las tensiones que ya había entre sus lectores.

Y para Lucas, ¿que pretendió hacer Jesús aquel día en el Templo? Simplemente lo purificó para convertirlo en un lugar apto para sus enseñanzas (19,47), algo que no irritaba a ninguno de los lectores de su comunidad. Por eso, a partir de ese momento aparecerá Jesús enseñando permanentemente en el Templo (20,1; 21,37.38; 22,53). Y por ese motivo decidieron matarlo.

Aunque con matices distintos, los tres primeros evangelistas coinciden al menos en que la muerte de Jesús se debió a la expulsión de los vendedores del Templo. En cambio san Juan da una explicación totalmente diferente: lo que provocó la muerte de Jesús fue el haber resucitado a Lázaro (Jn 11,45-54). ¿Por qué? La resurrección de Lázaro es el último milagro que Jesús realiza en el cuarto Evangelio, y el más impresionante de todos. Jesús ya había curado a otros enfermos: a un niño con fiebre (4,52), a un paralítico que llevaba treinta y ocho años enfermo (5,5), a un ciego de nacimiento (9,32). Pero nunca había devuelto la vida a un muerto. Con este milagro, el más espectacular de todos, san Juan presenta a Jesús con el poder sorprendente de dar la vida a los muertos; él es la resurrección en persona que ha venido a visitarnos (11,25-26).

Frente a esto, los sumos sacerdotes y los fariseos no pueden tolerar más, y deciden matarlo. Que alguien devuelva la vida a los muertos ya es demasiado; se torna peligroso, y difícil de manejar. Por eso planean eliminarlo (11,45-53). Pero las autoridades no cuentan con una sorpresa: que precisamente matándolo hacen que Jesús devuelva la Vida a los muertos. La muerte de Jesús es la que inaugura los nuevos tiempos, la nueva era de la resurrección y la Vida eterna. A partir de ese momento, todo el que cree en él ya tiene la Vida plena. La gran ironía de san Juan es mostrar que a Jesús le quitan la vida para que él no dé más la Vida; y sin embargo así es como logran que él dé la Vida.

Si para Juan lo que llevó a la muerte a Jesús fue la resurrección de Lázaro, ¿qué pasó con el incidente del Templo? También él lo cuenta, pero al principio de su Evangelio, y con otra intención. Para Juan, al comienzo de su vida pública Jesús subió un día a Jerusalén y se dirigió al Templo. Allí se encontró con los vendedores de animales y los cambistas, y los expulsó (2,13-22). Pero en la versión de Juan, Jesús tiene una intención distinta a la que presentaron los otros tres evangelistas: lo que Jesús quiere hacer aquí es directamente eliminar el Templo, y reemplazarlo por su persona.

Por eso Juan añade detalles propios en su relato, que muestran esta idea. Por ejemplo, además de ahuyentar palomas (como decían los otros tres Evangelios), dice que Jesús también echó afuera bueyes y ovejas. Porque estos eran los animales empleados como sacrificios en el Templo, y al venir ahora Jesús, ya no hacen falta más animales ni más sacrificios que su muerte redentora. También dice Juan (y sólo él) que cuando le preguntaron a Jesús por qué hacía eso él respondió: "Destruyan este Templo y yo lo levantaré en tres días". Es decir, no sólo los sacrificios sino el mismo Templo ya no tienen sentido, con la llegada de Jesús. Todo debe ser eliminado.

Según Juan, pues, en aquel incidente con los vendedores Jesús no pretendió abrir el Templo a los paganos (como decía Marcos), ni purificarlo (como decía Mateo), ni convertirlo en lugar de enseñanzas (como decía Lucas), sino eliminarlo. Es un relato simbólico de la futura abolición del culto y los sacrificios judíos ante la llegada de Jesús, el nuevo Templo de Dios. Por eso lo puso a continuación de las bodas de Caná, donde Jesús también hace desaparecer allí seis cientos litros de agua, de la que usaban los judíos para sus ritos de purificación (es decir, es el culto judío que desaparece), y los convierte en vino. El culto judío ha dejado de tener valor.

Cerca del final de su vida, Jesús tuvo una disputa con los vendedores del Templo que le costó la vida. ¿Por qué? Exactamente no lo sabemos. Pero cada evangelista se encargó de darle al caso su propia interpretación, según su teología y sus destinatarios. Para Marcos, Jesús quiso abrir el Templo a los paganos. Para Mateo, quiso purificarlo. Para Lucas, quiso adaptarlo. Y para Juan, lo que decidió la muerte de Jesús fue el haber dado la vida a Lázaro.

¿Quién es el que está en lo cierto? Todos. Jesús murió para que no hubiera más excluidos (Marcos), para eliminar la impureza de las intenciones torcidas de los creyentes (Mateo), para que lo que enseñamos sea lo que vivimos (Lucas), y para que el mundo tenga una vida mejor (Juan). La muerte de Jesús fue un hecho tan lleno de significado, tan denso e inagotable en sus consecuencias, que aun con todas las explicaciones que los evangelistas nos den no llegamos a desentrañarla del todo. Pero una cosa es cierta: sólo quien se compromete con alguna de esas consecuencias demuestra haber experimentado la Vida que ella ha traído.

Extracto de la nota escrita por el biblista Ariel Álvarez Valdés
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo

miércoles, 5 de abril de 2017

¿PORQUÉ SE UTILIZA LAS PALMAS DE OLIVO EN EL DOMINGO DE RAMOS?

En las tradiciones judías y cristianas, el olivo es símbolo de paz: al final del diluvio la paloma de Noé trae un ramo de olivo. La cruz de Cristo, según una vieja leyenda estaba hecha de olivo y cedro. La palma, el ramo, la rama verde se consideran universalmente símbolos de victoria, de ascensión, de regeneración y de inmortalidad.

Las palmas del domingo de Ramos prefiguran la resurrección de Jesucristo al terminar el drama del Calvario y la esperanza de nuestra propia resurrección significado tiene la palma que llevan los mártires.

Los mitos en torno al olivo, tuvieron origen en aquella lejana época en que los hombres se fueron asentando y creando ciudades en torno al Mediterráneo. Algunos ejemplos de estas relaciones mitológicas son:

Egipto:
Los egipcios atribuían a Isis, esposa de Osiris, dios supremo de su mitología, el haber transmitido a los hombres este árbol sacralizado, su forma de cultivo y la utilización de sus frutos.

Fenicios:
Tanto en la religión fenicia como en la cananea, los cultos a los dioses estaban dominados por las preocupaciones agrarias. Se les pedía protección para que concedieran a sus fieles, trigo, agua, aceite, vino y miel y había fiestas que correspondían al ciclo agrícola de la siembra en primavera, la cosecha en verano, la vendimia en otoño, y la recogida de la aceituna y prensado para la obtención del aceite en invierno. Había una historia legendaria, un mito, para cada lugar sagrado y para cada acto sacro.

Griegos:
Cuenta la leyenda que Atenea y Poseidón se disputaban la soberanía de la ciudad, y esta disputa fue llevada al tribunal de los dioses. Estos decidieron conceder la ciudad a quien produjera la mejor obra. De un golpe de tridente Poseidón hizo nacer de la roca un caballo. Atenea, con un golpe de lanza dado en el suelo, hizo brotar un olivo cubierto de frutos. Los dioses deliberaron en el Olimpo, y Atenea obtuvo la victoria.

Los símbolos
Por medio de los símbolos los hombres crean un lenguaje para poder comunicarse con la divinidad.  Los símbolos van cargados de sentimientos e ideas, y representan, de un modo abstracto las propiedades de algunos elementos. El olivo tiene, por todas las cualidades que reúne, una gran riqueza simbólica reconocida desde hace siglos.

Inmortalidad: porque vive, da fruto, y se renueva desde hace miles de años. En el Antiguo Testamento, los hijos felices del padre fecundo se comparan a los renuevos de olivo.

Paz y reconciliación: Noé lo llamó signo de la alianza entre la naturaleza y el hombre al ser el olivo el árbol que no pudrieron ni dañaron las aguas después del diluvio. La paloma, con la ramita de olivo en el pico, ha quedado como símbolo imperecedero de este hecho. En la Eneida, Virgilio también lo utiliza como símbolo de paz y acuerdo. Cuando Jesús entró en Jerusalén, el pueblo judío salió a su paso con ramas de olivo, poniéndolas a sus pies.

Resurrección y esperanza: Después de que Jerjes incendiara la Acrópolis y su olivo sagrado, cuando los atenienses entraron de nuevo en la ciudad, no había más que un montón de ruinas, pero el olivo sagrado del templo de Erection había crecido un codo en la primera noche, imagen de la rapidez con la que el pueblo de Atenas, lleno de ímpetu, iba a renovarse lleno de esperanza.

Fuerza: el olivo es un árbol capaz de resistir las más duras condiciones de sequía y de pobreza del terreno. La maza de Hércules era de madera de olivo y de ella salían raíces, que se convertían en árbol, cuando se clavaba en el suelo.

Sabiduría y virginidad: al tomar los atributos de la diosa Atenea.

Fertilidad: para los helenos, los descendientes de los dioses nacían bajo los olivos, por lo que las mujeres que querían engendrar, dormían bajo su sombra.

Victoria: La Diosa Atenea le otorga este atributo al salir victoriosa de su lucha con Poseidón. En las fiestas Panateneas, a los vencedores en los juegos, además de coronarlos con ramas de olivo, se les concedían toda la cosecha de aceite que se obtuviera en las plantaciones del Ática consagradas a Atenea.

El Huerto de los Olivos donde Jesús oraba y meditaba frecuentemente, era llamado también Getsemaní, que significa “prensa de aceite” y allí siguen dando su sombra de cara a Jerusalén, unos olivos milenarios testigos de acontecimientos históricos. El olivo está unido al drama del Calvario y a las tradiciones evangélicas. Los primitivos cristianos tomaron al olivo como uno de sus principales símbolos religiosos y lo esculpieron y pintaron en las catacumbas. La rama de olivo adornaba con frecuencia los sarcófagos cristianos y su aromático aceite ardía en las lámparas y ampollas ante las tumbas de los primeros mártires. En la religión hebrea se empleaba el aceite para las lámparas, sacrificios, ofrendas y fiestas. La religión islámica, en el Corán, alaba el aceite de oliva y el olivo diciendo:

“Dios es la luz de los cielos y de la tierra. Su luz es a semejanza de una hornacina en la que haya una candileja. La candileja está en un recipiente de vidrio que parece un astro rutilante. Se enciende gracias a un árbol bendito, el olivo, no oriental ni occidental, cuyo aceite casi reluce aunque no lo toque el fuego. Luz de luz.”

Los hallazgos de imágenes de la Virgen en el campo, cerca o dentro de los olivos, árboles u otros objetos, ha sido un hecho frecuente en tiempos pasados. El olivo se ha utilizado tradicionalmente en ritos y ceremonias por la simbología que encierra. Los antiguos navegantes se protegían de las iras de Poseidón colocando una rama de olivo entre las manos de su dios tutelar. En Grecia, cuando nacía un niño, se colocaba una rama de olivo encima de la puerta, si era varón. El día de los esponsales se adornaba las casas del novio y de la novia con guirnaldas de olivo y laurel.

Durante las ceremonias funerarias, se utilizaban ramas de olivo humedecidas en agua purificada y se ofrecían libaciones de aceite y vino a la persona muerta. Esta creencia en los poderes mítico-mágicos del olivo y su simbolismo religioso ha trascendido hasta la actualidad. Los venecianos, por ejemplo, dicen que una rama de olivo puesta en la chimenea, aleja el rayo en las tormentas. En toda Italia hay una creencia que asegura que una rama de olivo situada en la puerta de la casa no deja entrar a brujas y demonios. En España, los ramos bendecidos del Domingo de Pasión (Domingo de Ramos) se siguen colocando en muchas ventanas y balcones de las casas. En los países del Magreb, el olivo se considera sagrado porque creen que el nombre de Alá está escrito en sus hojas.

LA IGLESIA ARGENTINA DURANTE LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR – Tercera Parte

En 1974, la designación de PÍO LAGHI como nuncio apostólico en reemplazo de su antecesor, MONSEÑOR ZANINI, constituyó un elemento importante en esta dirección: durante su gestión en esa nunciatura, entre 1974 y 1980, tuvieron lugar en el país 26 nuevas ordenaciones episcopales. La estrategia adoptada por el Vaticano permitió en definitiva, colocar a la Iglesia argentina en el “HORIZONTE DEL CONCILIO”, superando, al mismo tiempo, el anacronismo de los SECTORES PRECONCILIARES y los “ABUSOS INTERPRETATIVOS” de los grupos católicos más radicalizados. Ambos fenómenos estaban, en el análisis de los círculos renovadores, estrechamente vinculados entre sí: era precisamente el atrincheramiento de los sectores tradicionalistas en la defensa de un modelo de IGLESIA PRECONCILIAR y su oposición a cualquier intento de introducir reformas en el mismo, lo que favorecía la radicalización de los católicos. Una lógica similar operaba en otros terrenos, como el de la pastoral social, donde los sectores identificados con la renovación conciliar vinculaban el crecimiento de las ideologías de izquierda entre los trabajadores con el vacío dejado allí por la Iglesia católica.

Es en los sectores renovadores, aunque también entre elementos fuertemente conservadores, donde la crisis interna de la Iglesia llevó a plantearse la necesidad de recuperar la “cuestión social” vista tanto como clave para superar dicha crisis como para estructurar un nuevo proyecto hegemónico del catolicismo argentino. Las diferentes interpretaciones que cada obispo realizó de los documentos conciliares y de su nivel de compromiso con los mismos autorizan a introducir en el grupo de los renovadores una segunda distinción entre un sector moderado y uno “progresista”. Una ilustración de eso son las experiencias que MONSEÑOR ANGELELLI, MONSEÑOR DEVOTO y MONSEÑOR DE NEVARES llevaron adelante en sus diócesis para aplicar los puntos avanzados de la renovación conciliar en pastoral popular y en la participación de sacerdotes y laicos. Sin embargo, experiencias de este tipo fueron excepcionales dentro de la Iglesia argentina y comenzaron a ser objeto de una fuerte persecución a partir de 1974. Estas líneas dentro de la jerarquía episcopal estaban fundadas en distintas maneras de concebir el lugar de la Iglesia en el mundo y sus vínculos con la sociedad.

Reverberan en la adhesión o las reservas que los obispos manifestaron frente al régimen militar que tomó el poder en 1976. Éste encontró entre los tradicionalistas a sus defensores más entusiastas y entre los renovadores a sus opositores más decididos. En general se puede decir que la corriente mayoritaria, compuesta por los obispos conservadores brindó su adhesión al régimen militar. Sin embargo, como veremos, la relación que entabló con las Fuerzas Armadas a lo largo del período 1976-1983 no estuvo exenta de complejidades y matices. Para comprender la posición de la Iglesia durante los primeros años del Proceso debemos tener en cuenta, en primer lugar, la gravedad de la crisis que estaba ocurriendo en su interior. La mayoría de los obispos argentinos concordaban en considerar como responsables de esa situación a algunos sacerdotes y grupos laicales por la interpretación demasiado radical que hacían de los documentos emanados del CONCILIO VATICANO II y de la CONFERENCIA LATINOAMERICANA DE MEDELLÍN. La jerarquía también coincidía en su voluntad de disciplinar a aquellos sacerdotes y laicos que estaban poniendo en peligro la unidad institucional.

Dos documentos episcopales elaborados pocos días antes del golpe ponían en evidencia la preocupación anticipada de las cúpulas de la Iglesia por restituir la ortodoxia doctrinaria y limitar las innovaciones litúrgicas y pastorales: uno de ellos consistía en una advertencia sobre el debido uso de la vestimenta y los hábitos eclesiásticos. El segundo denunciaba lo que consideraba “desviaciones” que se estaban produciendo en el culto a los santos, como por ejemplo la veneración a la llamada DIFUNTA CORREA. El acalorado debate que dividió al episcopado católico en torno de la llamada “BIBLIA LATINOAMERICANA” durante la segunda mitad de 1976 debe ser interpretado como parte de la misma reacción de su mayoría a favor de una ortodoxia doctrinaria para restaurar la unidad eclesial en detrimento de los sectores “progresistas”. La polémica se originó a raíz de una declaración del arzobispo de San Juan, quien repudió la aparición de una edición de la Biblia a cargo de una conocida editorial católica y ordenó que “en ningún establecimiento o asociación católica de la provincia se tenga en modo alguno el volumen señalado”, ya que en el mismo se hacía una “exaltación del marxismo”.

Pocos días después, MONSEÑOR TORTOLO firmó un comunicado que prohibía también la circulación de la Biblia latinoamericana en la diócesis de Paraná. Bastaba “una simple mirada” para que el pueblo fiel advirtiera “escandalizado, que no pocas láminas y explicaciones anexas son tendenciosas”, argumentaba el comunicado. El tema fue fuertemente publicitado por algunos medios de prensa vinculados al gobierno militar por poner de manifiesto las diferencias existentes dentro de la jerarquía católica. Más aun cuando se conoció la posición del obispo de Neuquén, MONSEÑOR JAIME DE NEVARES, quien recomendaba “calurosamente” la lectura de la Biblia en cuestión. Los alcances de la polémica llevaron a que la cuestión de la nueva Biblia estuviera presente en la agenda de la segunda ASAMBLEA PLENARIA DEL EPISCOPADO. Al término de ésta se dio a conocer un documento que intentaba unificar las diferentes posiciones: el episcopado consideró que la traducción era “sustancialmente fiel” y limitó sus objeciones a las introducciones, notas, e ilustraciones que acompañaban el texto, elementos que hacían necesaria una “revisión y complementación”.

La forma en que se saldó la discusión en torno de la Biblia latinoamericana confirma que el objetivo central de la jerarquía conservadora era asegurar la cohesión institucional de la Iglesia mediante una rígida supervisión de la ortodoxia doctrinaria. Para ello era necesario penalizar a aquellos sectores que habían hecho una interpretación “abusiva” en un sentido “temporalista” del magisterio de la Iglesia, al tiempo que se buscaba dejar paulatinamente de lado las posiciones del tradicionalismo más exacerbado. Para la jerarquía eclesiástica era evidente que la crisis interna que desgarraba al catolicismo argentino no podía desligarse de la que azotaba a la sociedad en su conjunto. Desde fines de la década de 1960 una conflictividad social agudizada había sido un terreno fértil para el crecimiento de aquellas ideologías de izquierda tan temidas por la Iglesia. No eran pocos los obispos que vinculaban el desarrollo de la “Iglesia del Pueblo” con la radicalización de la sociedad en su conjunto. El desafío a la hegemonía ideológica y cultural de la Iglesia se convertía en un problema central para su cúpula en momentos en que ésta veía disminuir día a día las vocaciones religiosas.

¿O no era acaso, como lo había anunciado el obispo conservador MONSEÑOR TORTOLO, el descentramiento de la religión de la vida nacional la causa principal de una crisis que alcanzaba niveles inéditos? Una posible explicación de la aceptación mayoritaria que suscitó la llegada de los militares al poder en el episcopado es que éste se sentía desafiado por la sociedad y amenazado en su seno. Ligados por múltiples lazos a la Iglesia católica desde hacía décadas, los militares aparecían como una barrera –lo que habían sido históricamente– frente a las opciones políticas e ideológicas de la “nueva izquierda”. Eso explica que, a mediados de la década de 1970, la mayoría de los obispos argentinos aprobaban una política represiva en tanto que podía contribuir al aislamiento de los sectores más radicalizados del campo católico. Además, las Fuerzas Armadas definían su identidad corporativa a partir de elementos entre los cuales el catolicismo era central. Eso inducía a pensar que bajo el régimen militar la Iglesia gozaría de una posición privilegiada desde la cual ejercer un papel que nunca delegó: el de guía espiritual de la sociedad. Todo eso hizo que una jerarquía católica a la defensiva brindara su apoyo, en términos generales, al gobierno militar.

EL FACTOR RELIGIOSO FUE IMPORTANTE DENTRO DE LA ESTRATEGIA QUE DESARROLLARON LAS FUERZAS ARMADAS PARA LEGITIMAR EL GOLPE DE ESTADO DEL 24 DE MARZO DE 1976. Desde la década de 1930 la Iglesia católica y las Fuerzas Armadas compartían una misma manera de concebir la identidad nacional: privilegiaban ciertas pautas sociales y culturales “tradicionales”, entre las cuales el catolicismo ocupaba un lugar central. En este sentido, cuando, en 1976, los militares se presentaron como los defensores de una “argentinidad” que estaba siendo amenazada por la “subversión”, había que entender a ésta última como algo “complejo, profundo y global” que pretendía trastocar los “valores esenciales del ser nacional”, algo al servicio de “una concepción donde rigen los antivalores de la traición, la ruptura de los vínculos familiares, el crimen sacrílego, la crueldad y el engaño sistemático”. Era por ello que los primeros documentos militares hacían referencia a la necesidad de “restablecer los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino”.

Al considerar a la “subversión” como un fenómeno global, los militares podían ubicar en el campo enemigo a las corrientes “progresistas” del catolicismo, algunas de las cuales estaban efectivamente vinculadas a los grupos y organizaciones que protagonizaban la protesta social. Para las Fuerzas Armadas, la “Iglesia del Pueblo” constituía una faceta más de la “subversión”, considerada particularmente peligrosa porque su ámbito de actuación era justamente aquel que recurrentemente se invocaba como fuente de los “valores tradicionales del pueblo argentino”: el catolicismo y su Iglesia. En este sentido, la frustrada experiencia de la autodenominada “REVOLUCIÓN ARGENTINA”, entre 1966 y 1973, había demostrado a los militares que esos sectores eran perfectamente capaces de deslegitimar un régimen político que, como el Proceso ahora, pretendía fundar su legitimidad en la observancia de los valores fundamentales de la religión católica. Por otro lado, en un contexto autoritario en que habían sido suprimidos los canales tradicionales de la representación –los partidos políticos y los sindicatos–, la Iglesia católica aparecía como uno de los pocos actores con posibilidades concretas de influir en el curso de los acontecimientos. Eso hacía que los militares no fueran en absoluto indiferentes a los debates que atravesaban el campo católico y a las orientaciones que imponía su jerarquía.

Además, las características del plan represivo implementado por las Fuerzas Armadas, basado en el secuestro y la desaparición de personas, no permitían descartar que los primeros cuestionamientos al régimen proviniesen de las filas católicas, no sólo porque el magisterio de la Iglesia condenara esas prácticas en nombre del respeto a la vida humana, sino fundamentalmente por la presión social que no dejaría de ejercerse sobre la Iglesia. Y eso fue lo que ocurrió: la jerarquía católica se vio interpelada por el incesante desfile de los familiares de los desaparecidos por los templos de todo el país y la gran cantidad de cartas y mensajes que le llegaban exigiendo que denunciara públicamente lo que estaba ocurriendo. Era fundamental para los militares, pues, desarticular el accionar de aquellos sectores del campo católico que presionaban a la jerarquía. De lo contrario, es probable que en caso de tener lugar una declaración pública de la Iglesia condenando la violación de los derechos humanos, su efecto fuera el de aglutinar en torno de ella una oposición política fragmentada, mientras que en el plano externo, comprometería aún más la posición del régimen militar que se vio severamente cuestionado por diversos organismos internacionales a partir de 1977.

Hasta aquí hemos compartido la investigación realizada por MARTÍN OBREGÓN, Docente en Historia e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Ha preparado una maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Sus investigaciones se centran en el papel de la Iglesia católica durante el Proceso argentino (1976-1983) y más generalmente las relaciones entre catolicismo, nacionalismo y derechos humanos en la Argentina.

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ERIC CLAPTON

ERIC PATRICK CLAPTON, nacio un 30 de marzo de 1945 en Ripley, Surrey, Inglaterra,) es un guitarrista, cantante y compositor de rock y blues británico, conocido por su magistral habilidad con la guitarra eléctrica, en concreto con su STRATOCASTER. Es conocido por el apodo de SLOWHAND ("MANO LENTA"), desde su época en THE YARDBIRDS y con el de GOD ("DIOS") en su época con CREAM. CLAPTON es miembro del SALÓN DE LA FAMA DEL ROCK por partida triple: como miembro de THE YARDBIRDS y de CREAM y por su carrera en solitario. En opinión de muchos críticos, ha sido uno de los artistas de la cultura de masas más respetados e influyentes de todos los tiempos.

Aparece en el puesto número 2 de la lista "LOS 100 GUITARRISTAS MÁS GRANDES DE TODOS LOS TIEMPOS" de la revista ROLLING STONE y en el puesto número 55 de su especial "INMORTALES: LOS 100 ARTISTAS MÁS GRANDES DE TODOS LOS TIEMPOS". Además, en 2005 la revista GUITAR WORLD incluyó cinco de sus canciones entre los mejores solos de guitarra de todos los tiempos. Su estilo musical ha sufrido cambios diversos a lo largo de su carrera, pero sus raíces siempre han estado profundamente ligadas con el blues. Es reconocido como un innovador en varias etapas de su carrera. Practicó el blues rock con JOHN MAYALL & THE BLUESBREAKERS y THE YARDBIRDS y el rock psicodélico con CREAM, además de haber tocado estilos muy diversos en su etapa en solitario: DELTA BLUES en su álbum ME AND MR. JOHNSON, pop en su canción “CHANGE THE WORLD” o reggae en su versión del tema de BOB MARLEY “I SHOT THE SHERIFF”.

Algunos de sus mayores éxitos han sido los temas “LAYLA” de su época CON DEREK AND THE DOMINOS, “SUNSHINE OF YOUR LOVE” con CREAM y “TEARS IN HEAVEN”, dedicada a su fallecido hijo, que compuso con WILL JENNINGS. Sintetizando sus influencias de guitarristas de blues como BUDDY GUY, FREDDIE KING y B. B. KING, CLAPTON se convirtió en uno de los guitarristas más populares de la escena musical británica. La banda comenzó a formarse un buen nombre, sobre todo después de ganar la vacante dejada por THE ROLLING STONES en el CRAWDADDY CLUB EN RICHMOND, Londres. Hicieron una gira con SONNY BOY WILLIAMSON II, de la cual saldría el álbum SONNY BOY WILLIAMSON AND THE YARDBIRDS, grabado el 8 de diciembre de 1963 y editado en 1965. En su álbum de 1964, FIVE LIVE YARDBIRDS, recrean versiones de R&B y blues americano, con largas improvisaciones y solos de guitarra, quedando clara la imaginación y confianza en sí mismo de CLAPTON. Sin embargo, el grupo paulatinamente fue acercándose al estilo pop, para intentar entrar en las listas de venta, cosa que consiguieron con “FOR YOUR LOVE”, que llegó al #2 en el Reino Unido y al #6 en Estados Unidos.

Habiendo cambiado su FENDER TELECASTER y su amplificador VOX AC30 por una GUITARRA GIBSON LES PAUL STANDARD y un amplificador MARSHALL, el sonido de Clapton inspiró un grafiti muy bien promocionado que rezaba: "CLAPTON IS GOD" ("CLAPTON ES DIOS"). La frase fue pintada por un seguidor en una pared de la estación de ISLINGTON, en el SUBTERRÁNEO DE LONDRES, en otoño de 1967. La pintada fue captada en una famosa fotografía, en la que aparece un perro orinando en esa misma pared. Clapton dijo:

“Nunca acepté que fuera el mejor guitarrista del mundo. Siempre quise ser el mejor guitarrista del mundo, pero eso es un ideal, y lo acepto como tal”

En julio de 1966, forma la banda CREAM, uno de los primeros supergrupos y POWER TRIOS de la historia. Contaba con JACK BRUCE, ex-miembro de MANFRED MANN, JOHN MAYALL & THE BLUESBREAKERS y GRAHAM BOND ORGANIZATION como bajista; y GINGER BAKER, también ex-miembro DE GRAHAM BOND ORGANIZATION como baterista. Antes de la creación de CREAM, CLAPTON era prácticamente desconocido en los Estados Unidos, ya que abandonó THE YARDBIRDS antes de que el sencillo “FOR YOUR LOVE” entrara en el Top Ten US, y aún no había tocado allí. En su época en CREAM, empezó a evolucionar como cantante, compositor y guitarrista, aunque JACK BRUCE era la voz predominante y el compositor de la gran mayoría de los temas junto con el letrista PETE BROWN. Su primer concierto fue en el TWISTED WHEEL DE MÁNCHESTER en julio de 1966, antes de hacer su debut oficial con dos noches en el NATIONAL JAZZ AND BLUES FESTIVAL en WINDSOR.

En 28 meses, CREAM se había convertido en un éxito comercial, vendiendo millones de álbumes y tocando por toda Europa y Estados Unidos. Ellos redefinieron el papel instrumental dentro del rock, siendo una de las primeras bandas en enfatizar el virtuosismo musical y las improvisaciones de corte jazzístico. Sus sencillos de éxito en los Estados Unidos incluyen “SUNSHINE OF YOUR LOVE” (#5, 1968), “WHITE ROOM” (#6, 1968) y “CROSSROADS” (#28 en 1969, versión en directo de la canción de Robert Johnson “CROSS ROAD BLUES”). Después de la ruptura de CREAM, vuelve a formar un supergrupo, BLIND FAITH (1969), debutando en el HYDE PARK de Londres el 7 de junio de 1969, del cual ERIC CLAPTON, conocido por su perfeccionismo, salió bastante defraudado por la calidad ofrecida. El álbum BLIND FAITH fue grabado con tantas prisas que la cara B solo consta de dos temas, siendo una de ellas una jam de 15 minutos llamada «DO WHAT YOU LIKE». Llegó al número 1 tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. La cubierta del álbum, que incluía una foto de una chica pre-adolescente semi-desnuda creó polémica en Estados Unidos y fue sustituida por una fotografía de la banda. La banda se disolvió después de apenas siete meses de actividad. Los primeros años de la década de los 70 fueron desastrosos para la vida personal de CLAPTON, dominada por sus adicciones. Dejó de hacer giras y se recluyó en su residencia de Surrey, en el Reino Unido. Allí se dedicó a su adicción a la heroína, dejando de lado su carrera, solo interrumpida  por su aparición en el "CONCIERTO POR BANGLADESH" en agosto de 1971, donde se desmayó en el escenario, fue reanimado, y continuó tocando.

En noviembre de 1977 vendría SLOWHAND, muy bien recibida por la crítica donde figura la canción "WONDERFUL TONIGHT", y la canción "COCAINE", una versión de un tema de J.J. Cale. En 1981, es invitado a colaborar en el concierto en beneficio de AMNISTÍA INTERNACIONAL. En esta época en uno de los primeros conciertos de la gira, CLAPTON cayó inconsciente, quedando cerca de la muerte por su exceso consumo de alcoholismo, es aquí, en esta época donde CLAPTON comienza a apoyarse cada vez más en el cristianismo. En 1989, Clapton lanzó al mercado JOURNEYMAN, un trabajo discográfico de muy diversos estilos, tocando el jazz, el blues, el pop y el soul. En este álbum colaboraron GEORGE HARRISON, PHIL COLLINS, DARYL HALL, CHAKA KHAN, MICK JONES de FOREIGNER, DAVID SANBORN Y ROBERT CRAY.

Los primeros años de la década de los 90 fueron especialmente trágicos para ERIC CLAPTON. El 27 de agosto, su compañero STEVIE RAY VAUGHAN, con el que estaba de gira, y dos de sus técnicos de gira murieron en un accidente de helicóptero durante el traslado entre conciertos. Después, el 20 de marzo de 1991, su hijo CONNOR CLAPTON, que contaba con cuatro y medio años de edad, murió al caer de un piso 53 de un rascacielos de la ciudad de Manhattan, Nueva York; Eric le dedicó la canción TEARS IN HEAVEN coescrita con WILL JENNINGS. La canción aparece primero en la banda sonora de la película "RUSH" y después en su álbum de 1992 UNPLUGGED, en una versión acústica, por el cual recibió seis premios Grammy, entre ellos el de álbum del año y mejor canción de rock del año. En 2002, tocó en PARTY AT THE PALACE, concierto con el que se celebraron los 50 años de reinado de la REINA ISABEL II DEL REINO UNIDO, junto con otros artistas como PAUL MCCARTNEY, BRYAN ADAMS, TONY BENNETT, JOE COCKER, PHIL COLLINS, ELTON JOHN, TOM JONES, OZZY OSBOURNE, BRIAN MAY Y ROGER TAYLOR DE QUEEN, CLIFF RICHARD, ROD STEWART entre otros. En noviembre de ese mismo año organizó un concierto homenaje a GEORGE HARRISON, quien había muerto el año anterior de cáncer. Junto a él tocaron PAUL MCCARTNEY, JEFF LYNNE, RINGO STARR, TOM PETTY, RAVI SHANKAR, entre otros. En marzo de 2004 publica un álbum de tributo al BLUESMAN ROBERT JOHNSON, ME AND MR. JOHNSON, que incluye 14 versiones de los 29 temas que grabó el maestro del blues del Mississippi durante su breve carrera en los años 30. El 20 de mayo de 2006 hizo una actuación con ROGER TAYLOR (QUEEN) Y ROGER WATERS (PINK FLOYD) en el CASTILLO HIGHCLERE. Clapton cita como sus mayores influencias a FREDDIE KING, B. B. KING, ALBERT KING, BUDDY GUY, HUBERT SUMLIN y ROBERT JOHNSON, sobre este último expreso:

"...JOHNSON es el músico de blues más importante que jamás existió. Él era verdadero, absolutamente, nunca he encontrado nada más lleno de sentimiento que ROBERT. Su música es el llanto más potente que puedes encontrar en una voz humana, de veras... parecía resonar con algo que yo siempre sentí”.

NICOLÁS KASANZEW: TESTIGO DE MALVINAS

NICOLÁS KASANZEW es un periodista argentino y fue cronista de varias guerras pero es recordado por haber sido el único corresponsal –de principio a fin- durante el Conflicto en Malvinas. En el Canal 7 de Argentina, que era, por aquel entonces, el de mayor audiencia en nuestro país, se emitían los informes de KASANZEW, como cronista a cubrir el conflicto en las Islas Malvinas; con imágenes grabadas por el camarógrafo Alfredo Lamela. Pero los mismos eran tergiversados y sólo se emitía el 5% del material enviado. Por ser "la cara de la televisión en la guerra" pagó un alto costo personal y tuvo que irse del país para ejercer su profesión. En la Argentina lo despreciaban los militares que habían vuelto derrotados y los civiles que queríamos olvidar ese fallido intento de recuperar las islas. Sin embargo, su trabajo periodístico fue excepcional y está reflejado en dos libros de calidad extraordinaria, MALVINAS, A SANGRE Y FUEGO y LA PASIÓN SEGÚN MALVINAS. Ahora vamos a compartir un extracto del reportaje que le realizaron en INFOBAE, a NICOLÁS KASANZEW:

“Cuando Galtieri se da cuenta que Estados Unidos no va a ser neutral, que él cayó en una trampa, le dice al ministro de defensa (Amadeo) Frúgoli: SAQUEMOS LAS TROPAS DE LAS ISLAS. Y Frúgoli le dice, NO PODEMOS, LA GENTE NOS VA A COLGAR EN LA PLAZA DE MAYO”

–Por empezar, dice NICOLÁS KASANZEW, una cosa que se olvidó es que 200.000 civiles se anotaron como voluntarios para ir a defender nuestra soberanía en Malvinas. Se anotaron pilotos civiles que decían que querían ir a estrellarse contra la flota inglesa con sus avioncitos, se anotaban lisiados con sus sillas de ruedas, personas mayores como mi maestro scout, que tenía 73 años, voluntario número 17 que hubiera hecho un muy buen papel. A ninguno de ellos los terminaron mandando. Fuimos pocos los civiles que participamos, pero había gente de vialidad, marinos mercantes, médicos. De hecho, 18 civiles murieron en combate, aportaron su cuota de sangre para defender la soberanía. Eso tampoco se tiene en cuenta.

“Sí, volví a entrar al canal para ser un marginado, porque el nuevo hombre fuerte del Ejército, el general (Cristino) Nicolaides, decía que había que olvidarse de Malvinas, por eso escondieron a los que volvieron. Primero me prohibieron entrevistar a los soldados que volvieron de la guerra, me prohibieron hacer notas sobre Malvinas, después me sacaron del noticiero y finalmente me dejaron sin trabajo. Luego me hicieron una campaña de difamación que estoy seguro salió de la inteligencia del Ejército, porque yo me puse a escribir mi primer libro. Al no haber podido contarles a los argentinos lo que había pasado con las imágenes y todo lo que viví, quise ponerlo en un libro. Como temían lo que yo podía escribir, me difamaron”

– ¿Está seguro entonces de que no hay forma de recuperar los materiales que no se emitieron?

–No lo digo yo, dice NICOLÁS KASANZEW, sino mis compañeros del canal que vieron cómo eran veladas las películas y borrados los casetes. Durante la guerra a mí me prohibieron filmar soldados conscriptos para que no se viera que eran bisoños, cosa que seguí haciendo primero por una cuestión de ética profesional, pero también porque ellos querían salir y que los vieran sus familias. Es sorprendente, porque es lo que permite comprender que la guerra tuvo un gran respaldo de la sociedad civil.

“Siempre se habla de que los generales y almirantes fueron a la guerra. Nunca lo pensaron, ni en las peores pesadillas, cayeron en una trampa, el famoso "guiño" que les hicieron desde el Pentágono por una provocación inglesa. Después no pudieron dar marcha atrás por los civiles…”

 Una última pregunta que le realiza el periodista de INFOBAE, ¿Porqué cree que la sociedad también se olvidó de la guerra?

“Lamentablemente somos un pueblo obscenamente exitista. Perdimos la guerra y todo el mundo le dio la espalda a la gente que estuvo allí. Si la hubiéramos ganado otra hubiera sido la historia no hubieran negado que estuvieron en Plaza de Mayo respaldando la recuperación. Ese exitismo, sumado a que se intentó mezclar todo, demonizar a las Fuerzas Armadas completas sin separar la paja del trigo. Malvinas coincidió solo cronológicamente con el proceso militar. En todo lo demás fue distinto. –La guerra es la barbarie siempre. Afortunadamente en esta guerra hubo gran cantidad de actos de nobleza, caballerosidad y amor al prójimo, de argentinos que dieron todo por amor”

Fuente:
www.infobae.com

¿PORQUÉ LO MATARON A JESÚS? - PRIMERA PARTE

Todos saben cómo murió Jesús: crucificado. Pero casi nadie sabe por qué lo mataron, cuál fue el motivo determinante de su muerte. Durante su vida pública, Jesús tuvo serios enfrentamientos con las autoridades de su tiempo por diversas razones. Porque no respetaba el sábado (Mc 2,27), no observaba las normas de pureza (Mc 7,1-23), modificaba la ley de Moisés (Mt 5,20-48), se rodeaba de gente excomulgada (Mc 2,13-14), comía con personas de mala fama (Mc 2,15-17), tocaba a los leprosos y a los muertos (Mc 1,41; 5,41). Y varias veces las autoridades estuvieron a punto de apresarlo y darle muerte, pero no pudieron hacerlo por temor a la reacción de la gente. Sin embargo en cierto momento Jesús hizo algo que colmó la paciencia de los gobernantes, y los obligó a tomar la decisión de acabar con su vida. ¿Cuál fue ese incidente?

Los Evangelios nos presentan dos explicaciones. Según la primera, dada por Marcos (seguido por Mateo y Lucas), ese incidente fue la expulsión de los vendedores del Templo de Jerusalén por parte de Jesús. En cambio según el Evangelio de san Juan, lo que provocó su muerte fue el hecho de que Jesús resucitara a Lázaro (Jn 11,45-54). ¿Cuál de las dos es la correcta? Podemos deducir, por otros textos del Nuevo Testamento, que es Marcos el que tiene razón. En efecto, cuando Jesús es juzgado ante el Sanedrín, los testigos lo acusan de haber querido destruir el Templo y construir otro (Mc 14,58). Y cuando Jesús está clavado en la cruz, la gente que pasa por el lugar se burla diciendo: "Eh, tú, que destruyes el Templo y lo reconstruyes en tres días" (Mc 15,29). Y cuando más tarde el diácono Esteban es condenado a muerte, los testigos vuelven a decir: "A este hombre le hemos oído decir que Jesús Nazareno destruiría este Templo y cambiaría las costumbres de Moisés" (Hech 6,14).

Lo que determinó la muerte de Jesús, pues, parece haber sido un incidente que él provocó en el Templo, cuando en cierta oportunidad se encontró allí con un grupo de vendedores de animales y cambistas; al verlos se enojó, y los echó del lugar; volcó las mesas de las monedas, y derribó los puestos de animales, mientras les explicaba que el Templo era la casa de Dios para orar. ¿Por qué estaban en el Templo aquellos vendedores? Porque cuando un judío quería ofrecer sacrificios a Dios, no podía llevar un animal cualquiera. Debía ser sin defectos, ni impurezas, ni manchas. Y un animal así no era fácil encontrar. Además, muchos judíos llegaban a Jerusalén desde muy lejos y no les era cómodo venir cargando el animal. Entonces los vendedores del Templo les ahorraban el trabajo, a la vez que les garantizaban la pureza del animal. Por otra parte, los judíos mayores de veinte años debían pagar un impuesto anual al culto. Pero la moneda romana (la única que circulaba en Palestina) no era aceptada en el Templo por tener grabada la imagen del emperador. Tampoco se aceptaban las monedas extranjeras que traían los judíos de otros países. Sólo se admitían unas monedas especiales, acuñadas en la ciudad de Tiro. Y los cambistas proveían a los peregrinos precisamente de tales monedas.

Ese comercio religioso, tolerado por los sacerdotes, que percibían por ello una parte de las ganancias, tenía lugar en el atrio exterior del Templo, llamado atrio de los gentiles, o de los paganos. La expulsión de los vendedores es uno de los episodios más extraños de la vida del Señor, porque nos presenta a un Jesús muy distinto del que estábamos acostumbrados a ver. ¿Cómo es posible armonizar este Maestro violento e intolerante, con aquel otro pacífico y sereno que predicaba en Galilea, capaz de comprender a los pecadores, y actuar con mansedumbre hasta en las situaciones más tensas?

Pero el episodio es extraño sobre todo porque no nos permite entender qué intención tenía Jesús cuando realizó ese gesto. A primera vista parecería que quiso purificar el Templo de las actividades comerciales que ahí se efectuaban. Pero en realidad a Jesús nunca le importó la pureza del Templo. Jamás en los Evangelios lo vemos mostrar interés alguno por el decoro de la liturgia, ni por el recato de los sacerdotes, ni por la exactitud de los ritos que estos ofrecían. Es cierto que frecuentaba el Templo para las grandes fiestas, como cualquier otro judío, y a menudo enseñaba allí a la gente. Pero nunca se preocupó por el culto, ni por su pureza. ¿Por qué ahora se enoja tanto con la presencia de los vendedores?

Además, los vendedores y cambistas no hacían nada malo. Al contrario, ayudaban a los peregrinos a cumplir con sus necesidades para el culto. Y, por otra parte, no estaban ubicados propiamente en el Templo sino en el atrio exterior, no considerado como lugar sagrado. ¿Por qué se molestó entonces Jesús? Hoy resulta difícil saber qué pasó aquel día en el Templo entre Jesús y los vendedores. Pero es probable que no sólo a nosotros nos resulte difícil, sino que ya en los primeros tiempos, cuando las comunidades cristianas transmitían oralmente el Evangelio, tampoco recordaban por qué se había producido ese enfrentamiento. Sabían, sí, que el Señor había tenido un incidente con unos vendedores, y que ese incidente había desencadenado su muerte, pero no conocían la causa del mismo.

Por eso, cuando años más tarde los evangelistas compusieron sus obras, al llegar a este suceso, como no tenían en claro qué había pasado, cada uno trató de entenderlo como pudo, y de contarlo adaptándolo a su propia teología. Por eso cada evangelista trae una versión diferente de ese episodio, con un mensaje distinto. El primero en escribir fue san Marcos. Según la versión de este, unos días antes de su muerte, Jesús se presentó en Jerusalén acompañado por una multitud que lo aclamaba y ovacionaba como Mesías. Ese día no sucedió nada. Pero al día siguiente tuvo lugar el altercado. Marcos lo relata así: "Jesús entró en el Templo, y comenzó a echar de allí a los vendedores y compradores; volcó las mesas de los que cambiaban dinero, y los puestos de los vendedores de palomas; y no permitía que nadie pasara por el Templo llevando cosas. Y se puso a enseñar diciendo: ‘La Escritura dice: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones’. Cuando los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de lo ocurrido, se propusieron darle muerte, porque tenían miedo al impacto que sus enseñanzas producían en la gente" (Mc 11,15-18).

Para entender por qué Marcos cuenta así este episodio, hay que tener presente que él escribe para cristianos de origen pagano. Ahora bien, en el Templo de Jerusalén había dos áreas bien definidas. Una interior, llamada el atrio de los israelitas (donde rezaban exclusivamente los judíos), y otra exterior, llamada el atrio de los gentiles (donde podían pasar a rezar los paganos). A esta zona externa los judíos no la consideraban propiamente como Templo, ni como sagrada, pues la presencia de paganos la volvía impura. Por eso habían permitido que allí se instalaran los vendedores, cambistas y mercaderes que hacían sus negocios, ya que Dios allí no se molestaba en atender a nadie.

Lo que Marcos quiere decir, con la reacción de Jesús, es que para Jesús el atrio de los paganos, donde estaban ubicados los vendedores y cambistas, también debía considerarse Templo, por respeto a los paganos. O sea, donde estos rezaban era tan sagrado como donde rezaban los judíos, porque Dios también escucha la oración de los paganos. Por eso Jesús exclama: "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones". Lo que se propone Jesús (según Marcos) es colocar a todos, judíos y paganos, a un mismo nivel, y convertir el Templo de Jerusalén en un lugar de oración para todas las naciones. Por eso no permite las actividades comerciales en el atrio de los paganos, pues este es tan sagrado como el de los judíos. Esta idea de que la oración de judíos y paganos tenía el mismo valor ante Dios constituía, sin duda, una tesis revolucionaria e inadmisible para los israelitas. Por eso decidieron matarlo.

Extracto de la nota escrita por el biblista Ariel Álvarez Valdés
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo

miércoles, 29 de marzo de 2017

LA HISTORIA DEL ASNO QUE MONTO JESÚS

Aunque la mayoría de cristianos preferiría no preocuparse por algunos de los detalles más mínimos de la vida de Jesús que se registran en el Nuevo Testamento, cuando se nos reta a defender la inherencia del Libro que registra la historia hermosa de Jesús, hay momentos en que esos detalles requieren nuestra atención. Este es el caso con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén durante la última semana de Su vida. Los que llevan el nombre de Cristo disfrutan leyendo acerca de los gritos de la gente antigua, “¡Hosanna!”, y meditando en el hecho que Jesús fue a Jerusalén para dar salvación al mundo. Por otra parte, los escépticos leen este evento y gritan, “¡Contradicción!”. Supuestamente, Mateo entendió mal la profecía de Zacarías, y por ende contradijo lo que Marcos, Lucas y Juan escribieron concerniente a la entrada final de Jesús a Jerusalén, Mateo registró lo siguiente:

“Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida». Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: "Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga". Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron la asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: « ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mateo 21, 1-9).

Los escépticos señalan rápidamente que los otros escritores del evangelio mencionan solamente que los discípulos adquirieron “un asno” sobre el cual Jesús se sentó. Marcos registró que Jesús dijo a los discípulos que ellos encontrarían “Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo” (11-2). Los discípulos entonces “…fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les preguntaron: « ¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?». Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó” (Marcos 11-4,7). Notemos que Marcos, Lucas y Juan no dijeron que se consiguió solamente un asno para Jesús, o que solamente un asno viajó a Jerusalén con Jesús. Los escritores simplemente mencionan un asno. Ellos nunca niegan que otro asno (la madre del asno) estuviera presente. El hecho que Marcos, Lucas y Juan mencionaran un asno joven no significa que no hubiera dos. Si dos amigos suyos, José y Bernabé, vinieran a su casa el jueves en la noche, pero el próximo día usted mencionara a un amigo de trabajo que José estuvo en su casa el jueves en la noche (y excluyera a Bernabé de la conversación por alguna razón), ¿sería esa una mentira? Desde luego que no. Usted simplemente declaró el hecho que José estuvo en su casa. Similarmente, mientras que Marcos, Lucas y Juan declararon que un asno estaba presente, Mateo simplemente suplementó lo que los otros escritores registraron.

Aunque Mateo mencionó que Jesús y Sus discípulos fueron a Betfagé, Marcos y Lucas anotaron Betfagé y Betania. Marcos y Lucas indicaron que la cría de la asna que adquirieron para Jesús nunca había sido montado. Mateo omitió esta información. Mateo fue el único escritor del evangelio que incluyó la profecía de Zacarías. Marcos y Lucas incluyeron la pregunta que los dueños de la asna hicieron a los discípulos cuando fueron a conseguir el asno joven para Jesús. Mateo excluyó esta información en su relato. Como puede notar, en esta historia (y en el resto de los relatos del evangelio), los escritores suplementaron consistentemente los relatos de los demás. Este suplemento es evidencia de escritores diferentes—algunos de los cuales fueron testigos oculares. Es muy posible que Mateo fuera específico en su numeración de los asnos, debido a la probabilidad que él fuera uno de los testigos oculares de la entrada final de Jesús a Jerusalén. (Tenga en cuenta que Mateo fue uno de los doce apóstoles; Marcos y Lucas no lo fueron).

Segundo, en cuanto a la acusación que Mateo escribió dos asnos, en vez de uno porque supuestamente entendió mal la profecía de Zacarías, se debe notar primero que la profecía de Zacarías realmente menciona dos asnos (incluso cuando se declara que solamente uno transporta al Rey de Jerusalén). El profeta escribió: “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna”. (Zacarías 9-9). En este versículo, Zacarías usó paralelismo poético hebreo (un balance de pensamiento entre dos partes consecutivas en la poesía). Los términos asna, e cría designan al mismo animal.

Zacarías mencionó que este asno era el hijo de una asna. Se puede suponer que el profeta estaba simplemente declarando algo obvio cuando mencionó la existencia de la madre, sin embargo, cuando se considera el evangelio de Mateo, aparece la asna que Zacarías 9-9 apenas menciona. La cría y la asna fueron traídas a Cristo en el Monte de los Olivos, y ambos hicieron el viaje a Jerusalén. Ya que el asno joven nunca había sido cabalgado, o ya que nadie se había sentado en él (como Marcos y Lucas declararon), se entiende la dependencia en su madre (como Mateo implica). El punto principal del problema que el escéptico propone en cuanto a la entrada de Jesús a Jerusalén es cómo pudiera haber cabalgado en los dos asnos al mismo tiempo. Ya que Mateo 21-7 declara, “…trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó”, algunos han concluido que Mateo quiso que sus lectores entendieran que Jesús cabalgó como alguna clase de acróbata—entrando a Jerusalén más como un payaso que como un rey. Este razonamiento es absurdo. Mateo pudo haber querido decir que Jesús cabalgó en el asno joven mientras que la asna, su madre, caminaba al lado. Otra solución posible para este “problema” es que Jesús sí cabalgó en ambos asnos, pero que lo hizo en tiempos diferentes. Aunque algunos piensen que esta solución no es probable, no hay nada en la profecía de Zacarías o los relatos del evangelio que la prohíba. Tal vez una respuesta probable a la pregunta, “¿Cómo pudo Jesús sentarse encima (de los asnos) durante su marcha a Jerusalén?”, es que esto no hace referencia a los asnos en absoluto sino a los mantos.

Cuando Mateo escribió que Jesús “se sentó encima”, él pudo haber querido que sus lectores simplemente entendieran que esto se refería a los mantos, y no a los asnos. Si se colocaron los mantos de los discípulos sobre ambos asnos (como Mateo indicó), y luego Jesús cabalgó en el asno más joven, se pudiera concluir lógicamente que Jesús se sentó en los mantos (que se colocaron sobre la cría de la asna). Finalmente, para no dejar ninguna acusación sin responder concerniente a los pasajes que se discuten en este artículo, se debe enfatizar un punto más. Aunque se ha acusado a Jesús y a sus discípulos de “haber robado a la asna y su joven cría” en el desfile a Jerusalén, el texto nunca indica algún hurto. Jesús pudo haber hecho un arreglo en cuanto al uso de los animales. Sin embargo, ya que los dueños de los asnos no conocían quiénes eran los discípulos, había la necesidad de decir a estos lo que Jesús les dijo. Después que los discípulos declararon, “El Señor lo necesita”, los dueños dejaron que se los llevaran (Lucas 19:32-35). Esto fue voluntario. Jesús realmente no apoyó el hurto en esta ocasión, o en ninguna otra (Mateo 19-18; 1 Pedro 2-22; cf. Éxodo 20-15;). La Biblia no tiene la obligación de presentar cada detalle de cada evento, como nos cuenta Juan 21-25: “…pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían”

LA IGLESIA ARGENTINA DURANTE LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR-segunda parte

Uno de los objetivos centrales de quienes planearon el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 fue disciplinar a la sociedad argentina por la instauración sistemática del terror. La identificación de determinadas posturas ante la línea adoptada por el Concilio y luego por Medellín en el seno de la asamblea de obispos no deja de plantear dificultades metodológicas, ya que la misma se compone de individuos susceptibles de modificar sus posiciones a lo largo del tiempo, o de diferenciarse entre sí en torno de ciertos temas y no en torno de otros. Haciendo esta aclaración es posible distinguir tres líneas dentro del episcopado católico que se fueron perfilando a lo largo de los años que separan el Concilio Vaticano II del golpe de estado de 1976: tradicionalistas, conservadores y renovadores (y entre estos últimos –con la misma advertencia con relación a los matices en las posiciones– entre renovadores moderados y progresistas).

El sector que llamaremos tradicionalista estaba compuesto por un conjunto de obispos anclados en las coordenadas ideológicas del tomismo, que concebían a la Iglesia como una “sociedad perfecta” por oposición a los “errores” propios de una modernidad con la que se mostraban intransigentes. Inspirada más por una idea de “conquista” que por una de “diálogo” con el mundo moderno, esta fracción episcopal permanecía aferrada a concepciones que habían madurado en el contexto de las primeras décadas del siglo XX. Estas últimas no sólo se adecuaban mal a los profundos cambios operados en la sociedad y en la cultura a lo largo de las décadas transcurridas desde entonces, sino que además, como se ha visto, habían quedado “por detrás” de las orientaciones generales promovidas por la Iglesia universal.

Al pensar a la Iglesia como una “sociedad perfecta” que no debía contaminarse con los “errores” del mundo moderno, los sectores tradicionalistas quedaron atrapados en un fuerte clericalismo, que se tradujo en un creciente aislamiento con respecto a una sociedad que se había vuelto mucho más compleja y plural desde, por lo menos, los años cuarenta. El Concilio Vaticano II, “minó en el plano teológico la matriz tomista que regía la arquitectura institucional y cultural de la Iglesia argentina”, lo que dejó mal parados a los sectores preconciliares, que en más de una ocasión emitieron juicios sumamente críticos sobre algunos documentos del magisterio católico. La pérdida de posiciones dentro de la Iglesia, así como el aislamiento con respecto a la sociedad moderna, llevó a los católicos tradicionalistas a reforzar sus vínculos con las Fuerzas Armadas, consideradas custodios naturales de los “valores inmutables” de la catolicidad.

A comienzos de los años setenta, los dos principales jefes del Vicariato Castrense para las Fuerzas Armadas –creado en 1957–, MONSEÑOR TORTOLO Y MONSEÑOR BONAMÍN, eran dos de los referentes más importantes del integrismo católico. En torno de estas dos figuras se fue conformando una fracción episcopal que, deseosa de estrechar sus vínculos con las Fuerzas Armadas y de esa manera conquistar posiciones dentro de la Iglesia católica, adoptó un discurso cargado de tonos apocalípticos, animado, por momentos, de un verdadero espíritu de cruzada. Las dimensiones que había alcanzado la protesta social, la difusión de un conjunto de ideologías tributarias del marxismo y el crecimiento de la “Iglesia del Pueblo”, contra la que llevaron adelante una implacable campaña de denuncias y acusaciones, constituyeron las principales preocupaciones de este sector de la jerarquía católica.

En vísperas del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, el sector más tradicionalista de la cúpula eclesiástica contaba con un pequeño pero compacto grupo de obispos que habrían de manifestar públicamente su adhesión al gobierno militar. Algunos de ellos, además, eran arzobispos, como MONSEÑOR PLAZA, o MONSEÑOR BOLATTI, y estaban al frente de diócesis muy importantes como La Plata y Rosario, respectivamente. La influencia de este sector se hacía sentir también en el ámbito de las ideas, por el control doctrinario que ejercía MONSEÑOR DERISI sobre las universidades católicas de todo el país y la orientación fuertemente tradicionalista que algunos obispos, como TORTOLO en Paraná o SANSIERRA en San Juan, le habían impreso a los seminarios diocesanos. También el obispo de San Luis, MONSEÑOR LAISE, el de Lomas de Zamora, MONSEÑOR COLLINO, el de San Rafael, MONSEÑOR KRUK y el de Jujuy, MONSEÑOR MEDINA –quien no casualmente sucedería a TORTOLO al frente del Vicariato Castrense hacia comienzos de la década de 1980–, sostendrían posiciones marcadamente tradicionalistas.

Con el paso de los años se pondría en evidencia que el viejo proyecto integrista que pretendía “restaurar todo en Cristo” estaba destinado al fracaso; sin embargo, a mediados de la década de 1970, podía ser todavía muy útil como barrera frente a los avances más que evidentes de la radicalización política y de la protesta social. A diferencia de lo que ocurría con los tradicionalistas, para los sectores conservadores no se trataba ya de impedir que entrara en la Iglesia el “espíritu conciliar”, sino de manejar los tiempos y los alcances de las reformas con el objeto de amortiguar el impacto de las mismas sobre la Iglesia. Tal vez la frase pronunciada en tiempos del Concilio Vaticano II por el CARDENAL CAGGIANO: “REFORMAS EN LA IGLESIA SÍ; REFORMA DE LA IGLESIA, NO”, sea útil para sintetizar la posición de este conjunto de obispos conservadores que, a diferencia de los tradicionalistas y de los renovadores, presentaba una mayor vaguedad desde el punto de vista ideológico.

Entre quienes coincidían en la necesidad de implementar algunos cambios en forma paulatina y siempre bajo una estricta supervisión jerárquica, es posible encontrar a obispos provenientes de una tradición FUERTEMENTE CONSERVADORA Y TRIBUTARIA DEL IDEARIO NACIONAL CATÓLICO, como MONSEÑOR ARAMBURU, quien en 1975 sucedió a CAGGIANO al frente del arzobispado de Buenos Aires. Otros, habiendo participado activamente del proceso de renovación conciliar, optaron por refugiarse en posiciones más conservadoras, alarmados por la radicalización que ese mismo proceso había favorecido en el interior de las filas católicas. Tal es el caso de MONSEÑOR QUARRACINO, obispo de Avellaneda desde 1968, o de MONSEÑOR ITALO DI STÉFANO, obispo de Presidente Roque Sáenz Peña (Chaco).

Desde luego, tanto tradicionalistas como conservadores compartían las preocupaciones por el crecimiento de la protesta social y por lo que consideraban un peligroso avance de las ideologías de izquierda. Los últimos se solían expresar con mucha frecuencia en tonos similares a los de los primeros. La denuncia del marxismo, sobre todo, ocupó un lugar central en las homilías, mensajes radiales y cartas pastorales de los diferentes obispos. Sin embargo, los conservadores consideraban que, en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, la Iglesia debía redefinir sus relaciones con los diferentes actores con el objetivo de ampliar el marco de sus posibles alianzas y extender su influencia ideológica y social. Es allí donde, entre tradicionalistas como MONSEÑOR TORTOLO y conservadores como el CARDENAL PRIMATESTA (uno de los exponentes más destacados de esta corriente), entre un modelo clerical y autosuficiente de Iglesia y otro, más “político”, que privilegiaba la articulación y el diálogo con otros sectores de la sociedad, se abría una distancia insalvable.

Los conservadores fueron la corriente mayoritaria de la jerarquía eclesiástica a lo largo de todos estos años. Su preocupación central consistió en garantizar la cohesión de la Iglesia y la del propio cuerpo episcopal a partir, fundamentalmente, de un FÉRREO DISCIPLINAMIENTO DE LAS CORRIENTES –TANTO CLERICALES COMO LAICALES–, MÁS RADICALIZADAS DEL CAMPO CATÓLICO. Ese proceso de disciplinamiento abarcó los planos de la teología, la liturgia y la pastoral. Fue precisamente a comienzos de la década de 1970, en momentos en que la “Iglesia del Pueblo” alcanzaba su máximo desarrollo al calor de la protesta social, que las posiciones de los obispos tradicionalistas y conservadores tendieron a acercarse y, en ocasiones, a superponerse, en función de una coyuntura que favorecía soluciones basadas en las nociones de orden y disciplina. El tercer sector dentro del cuerpo episcopal estaba compuesto por aquellos obispos que habían adherido claramente al proceso de renovación promovido por el Concilio Vaticano II. En general, se trataba de obispos jóvenes, que habían sido consagrados al frente de algunas de las numerosas diócesis creadas en 1957 y 1961.

Hacia mediados de la década de 1970, al pequeño núcleo episcopal que integraban desde los tiempos del Concilio MONSEÑOR ZAZPE, arzobispo de Santa Fe; MONSEÑOR DEVOTO, obispo de Goya; MONSEÑOR IRIARTE, de Reconquista y MONSEÑOR ANGELELLI, de La Rioja, se habían sumado algunos obispos de reciente promoción al episcopado, como MONSEÑOR LAGUNA, obispo auxiliar de San Isidro desde 1975, MONSEÑOR HESAYNE, obispo de Viedma desde ese mismo año, o MONSEÑOR BIANCHI DI CÁRCANO, designado obispo auxiliar de Azul a comienzos de 1976. Estas designaciones episcopales, y otras que tendrían lugar durante el primer año del régimen militar –como la de MONSEÑOR ESPÓSITO al frente de la diócesis de Zárate-Campana, la de MONSEÑOR NOVAK en Quilmes o la de MONSEÑOR CASARETTO en Rafaela–, formaban parte de la política que la Santa Sede se había dado con respecto a la Iglesia argentina, cuya crisis interna seguía con preocupación. Dicha política consistía, básicamente, en llevar adelante un gradual proceso de renovación en el seno de un episcopado al que percibía como “POCO ABIERTO” Y QUE NO ASUMÍA ACABADAMENTE EL ESPÍRITU DEL CONCILIO VATICANO II.

Hasta aquí hemos compartido la investigación realizada por MARTÍN OBREGÓN, Docente en Historia e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Ha preparado una maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Sus investigaciones se centran en el papel de la Iglesia católica durante el Proceso argentino (1976-1983) y más generalmente las relaciones entre catolicismo, nacionalismo y derechos humanos en la Argentina.

Fuente:
www.historizarelpasadovivo.cl